04 Mar. 2012

Mujica en la cuenta regresiva

Oscar A. Bottinelli

El Observador

De donde, este 1° de marzo la administración presidida por José Mujica Cordano llegó a la mitad de su periodo, terminó el primer tiempo y sin intervalo comenzó el segundo, el de la cuenta regresiva. [...] la cuenta regresiva para el aterrizaje está en marcha acelerada.


El 2014 (como 2009, 2004, 1999) es año electoral1. Al terminar las vacaciones, todavía en pleno verano, se desata en toda plenitud la campaña electoral para un largo ciclo de cuatro elecciones, la primera de las cuales al finalizar junio. El gobierno – para usar un término del parlamentarismo – pasa a ser un gobierno en funciones: solo le cabe atender asuntos urgentes, apagar algún incendio y terminar de ejecutar lo ya en marcha. El tiempo efectivo de gobierno en este país, a partir de la reforma constitucional de 1996, es a lo sumo de cuatro años. De donde, este 1° de marzo la administración presidida por José Mujica Cordano llegó a la mitad de su periodo, terminó el primer tiempo y sin intervalo comenzó el segundo, el de la cuenta regresiva. Ahora se cuenta cuántos días le quedan para terminar el tiempo efectivo de gobierno. Al día de este artículo lleva en el gobierno 734 días y le restan como tiempo útil 727 días. Es muy claro entonces que lo que no haya impulsado, o lo que no impulse en las próximas semanas, ya no se van a concretar en este periodo.

La historia reciente del país demuestra que los planes formulados en un gobierno se archivan en el siguiente. No siempre es así, pero sí ocurre en plenitud cuando el nuevo gobierno sucede a uno de su mismo partido. Desde la restauración institucional se ha demostrado más fácil lograr cierta continuidad cuando cambia el partido en el gobierno, ya fuere dentro del mismo bloque político o en menor grado, pero algo de continuidad, siendo de distinto bloque. Pero las dos veces en que un presidente sucedió a otro del mismo partido, lo primero que hizo fue tirar a la papelera los planes estratégicos, de fondo, de su antecesor. Como es una regla estadística y no normativa, no puede asegurarse que será siempre así. Pero dada la alta probabilidad que ocurra, tampoco se puede ser muy optimista que lo que no se haga en los próximos dos años, siempre que se construyan programas, será un avance hacia el gobierno siguiente. Por ejemplo, la reforma educativa de Germán Rama en el gobierno Sanguinetti bis fue en parte desechada apenas asumió Jorge Batlle, y la reforma del Estado cuidosamente planeada en la administración Vázquez, fue tirada a la papelera (reforma y autor, juntos) apenas asumió Mujica.

La economía en general anda bien. Se discute cuánto es obra del gobierno, que dice que aunque sea producto de una gran bonanza que viene del exterior, se hacen las cosas bien para que la bonanza se emplee bien; o cuánto el gobierno es mero beneficiario de los vientos que soplan desde afuera, gasta a diestra y siniestra, y no guarda para cuando los vientos dejen de soplar. Pero más allá de las interpretaciones, la economía anda bien, aunque hay por aquí y por allá algunas nubes preocupantes. Como doble consecuencia de la marcha de la economía y de la voluntad del gobierno, hay un fuerte incremento del ingreso de los hogares y un formidable aumento del empleo, el récord histórico en proporción a las personas en edad de trabajar.

Y hay, tema más polémico aún, un formidable gasto social en cuanto a la cantidad de personas beneficiadas y a que cada beneficiario recibe cada vez más. Este sin duda es un gran frente de polémica, especialmente por el lado de si es positiva la asistencia pura (si con ello no se cultiva el parasitismo hacia el Estado) o si lo positivo debería ser impulsar culturas de trabajo, para lo cual la asistencia debería funcionar tan solo como palanca. Esta es la discusión abierta: de un lado el oficialismo (aunque en realidad se puede decir que el oficialismo duro, el mujiquismo) y del otro la oposición (y en sordina muchos frenteamplistas, desde astoristas y socialistas moderados hasta frenteamplistas desencantados).

Los debe del gobierno son importantes, al menos según la percepción de la gente: seguridad pública (crecimiento de la sensación de inseguridad frente a la delincuencia común), drogas (aumento del consumo y de los efectos que causa el consumo), educación y vivienda. Fuera de la percepción de la gente, el gran debe del país, por responsabilidad de muchos gobierno, la infraestructura. En materia de vivienda cabe decir que el Estado poco o nada ha impulsado desde varias décadas atrás, al menos a lo largo de todo lo que va del tercer milenio; los últimos impulsos se dieron en los últimos dos gobiernos completos del siglo XX.

En materia de educación el balance es contradictorio. El debe es formidable en problemas de estructura y en ausencia de debate sobre el contenido de la educación: a dónde debe apuntar, qué debe contener y cuál debe ser el nuevo modelo educativo. El haber también es significativo. Por un lado, las cosas que quedaron en pie de la reforma Rama, tras los sucesivos vendavales que buscaron destruirla, como las escuelas de tiempo completo, la educación pre-escolar y más o menos mejores planes alimentarios (aunque por aquí fue donde más golpeó el huracán). Por otro lado, la formidable revolución educativa que significa el Plan Ceibal; el hecho de que no haya sido iniciativa de la comunidad educativa sino de la comunidad informática, no quita su carácter revolucionario e igualador en educación. El Plan Ceibal es una revolución de corte vareliano, en cuanto ha nivelado los puntos de partida de la sociedad, que iba camino a la fragmentación entre los niños de la cultura de los botones y los niños analfabetos en la cultura de los botones. Y ha permitido además la educación al revés: en los hogares de la mitad social hacia abajo, son los niños que educan a los padres en la cultura informática.

Si la nueva tendencia de la informática es guardar los archivos en “La Nube”, el gobierno en ese sentido es un adelantado. Porque su mayor problema es el tiempo que dedica a la ensoñación y las grandes dificultades para el aterrizaje. Dificultades en cuanto a la formación de muchos gobernantes y también en cuanto a la calidad de una buena parte del elenco. Pero la cuenta regresiva para el aterrizaje está en marcha acelerada


1 La tercera y última nota de una serie sobre Parlamentarismo y presidencialismo se posterga para el otro domingo, 11 de marzo