30 Mar. 2012

El cortocircuito en las relaciones Uruguay-Israel

Oscar A. Bottinelli – Diálogo con Fernando Vilar

Radiocero y Radio Monte Carlo

En los casi 64 años de existencia del Estado de Israel, nunca las relaciones entre ambos países estuvieron tan frías y lejanas. [...] Las relaciones con Israel se deterioraron a poco de iniciado el gobierno de Mujica. [...] Hay pues divergencias en el gobierno. Sin embargo, hay un hecho importante. El voto de Uruguay en el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas, es un punto de inflexión en las relaciones uruguayo-israelíes. [...] El tema de las relaciones uruguayo-israelíes puede devenir en uno de los grandes puntos de fricción al interior del gobierno. 


OAB: En los casi 64 años de existencia del Estado de Israel, nunca las relaciones entre ambos países estuvieron tan frías y lejanas. El detonante fue la actitud de Uruguay en el Consejo de Derechos Humanos de la Organización de Naciones Unidas. En términos simplificados, Uruguay se abstuvo en relación a Irán y votó contra Israel; dicho de otra forma se puede decir que consideró que Irán no actúa ni bien ni mal, pero consideró que Israel actúa muy mal en materia de derechos humanos. Si algo podía agravar la situación fue la circunstancia de que en este mismo momento Uruguay preside ese Consejo de Derechos Humanos, cargo que ocupa la embajadora Laura Dupuy.

La actitud del gobierno uruguayo desató la reacción del gobierno israelí, que expuso su decepción para con Uruguay, y la furia de la comunidad judía en el país.

FV: ¿Qué explica esta reacción del gobierno israelí y de la comunidad judía, dado que alrededor de un centenar de países votaron contra Israel y no lo hicieron contra Irán?

OAB: La decepción y furia está basada en que Uruguay fue desde la gestación del Estado de Israel, un firme partidario y aliado suyo. Más aún, Uruguay se consideró a sí mismo, quizás con exageración, como una especie de padre del estado judío.

Cabe recordar que el Estado de Israel es producto de muchas cosas (la colonización judía de Palestina, la lucha por la creación de un hogar nacional judío, la reivindicación de derechos milenarios) pero como hecho determinante la resolución de la Asamblea General de las Naciones Unidas del 29 de noviembre de 1947 (número 181), que aprobó un plan propuesto por siete países: Canadá, Checoslovaquia, Guatemala, Países Bajos. Perú, Suecia y Uruguay. Dicho plan establecía la división del territorio palestino y la creación allí de dos estados, uno judío y otro árabe. En su elaboración tuvo destacada actuación el por largo tiempo embajador uruguayo en la ONU, profesor Enrique Rodríguez Fabregat, ex ministro de José Batlle y Ordóñez, hombre muy cercano a Luis Batlle Berres, dirigente fundacional del Frente Amplio y compañero de candidatura al Senado con Zelmar Michelini y Alba Roballo, en el recién nacido Frente Amplio.

Un punto singular de acercamiento a Israel ocurrió en 1985, apenas restaurada la democracia, cuando las cuatro principales figuras de los cuatro partidos uruguayos con representación parlamentaria, rindieron homenaje a Israel en el 37 aniversario. Fue en el Palacio Peñarol y hablaron el entonces vicepresidente de la República Enrique Tarigo, el líder blanco Wilson Ferreira Aldunate, el líder fundacional del Frente Amplio Liber Seregni y el presidente de la Unión Cívica Humberto Ciganda.

FV: ¿Hay algún otro elemento en la reacción israelí?

OAB: Sí, que Israel se considera a sí mismo la única verdadera democracia en el Medio Oriente, considera que la mayoría de los países miembros del Consejo de Derechos Humanos son países no democráticos y, como consecuencia, considera que los países no democráticos son lo que acusan de violar los derechos humanos a un país democrático. Esta es la visión de Israel. A lo que agrega que Uruguay, como uno de los países más democráticos del mundo, no debería hacer el juego a los países antidemocráticos. Por aquí anda otra de las argumentaciones israelís en su malestar con Uruguay

FV: ¿Y este cortocircuito estalló de golpe?

OAB: No. Esto es importante. Las relaciones con Israel se deterioraron a poco de iniciado el gobierno de Mujica. Primero pasó lo contrario, cuando en abril de 2010 al aniversario del Estado de Israel concurrieron el presidente Mujica, el vicepresidente Astori y la mayoría de los ministros. Pero a poco de andar el gobierno URU reconoce como Estado a la Autoridad Nacional Palestina como Estado. Y lo reconoce sin exigir lo que antes consideraba condiciones imprescindibles: que la Autoridad Nacional Palestina declarase que su reconocimiento como Estado fuese el fin de sus reclamaciones, que no hubiese ulteriores reclamos y que reconociese a Israel el derecho a existir, en paz, dentro de fronteras seguras, en su calidad de estado judío.

Sin ninguno de esos requisitos, se produjo el reconocimiento uruguayo del Estado palestino. Luego hubo otras declaraciones de la cancillería consideradas pro-palestinas, aunque en su momento compensadas por declaraciones en sentido equilibrado del vicepresidente Astori.

FV: ¿Y está el tema de Irán?

OAB: Este gobierno, en lo que se atribuye particular énfasis al Canciller Almagro, ha mostrado una línea muy favorable a Irán. Más aún, ante la preocupación expresada por la Cancillería Israelí sobre las nuevas relaciones Uruguay-Irán, Almagro declaró que lo preocupante son las relaciones entre Israel e Irán.

Todo esto fue creando un clima de recelos de Israel con Uruguay y también una preocupación de Estados Unidos con Uruguay a propósito de este tema.

FV: ¿Y qué pasa en el gobierno?

OAB: El año pasado el vicepresidente Astori fue muy claro al hablar en las Naciones Unidas, en nombre del país, en una línea claramente diferente a la de la Cancillería. Se sabe que ahora, a raíz del voto en el Consejo de Derechos Humanos, importantes figuras del gobierno expresaron a la Embajada de Israel y a la Comunidad Judía que lo actuado por la Cancillería no refleja la opinión del todo el gobierno y que el tema no fue resuelto en el Consejo de Ministros.

Hay pues divergencias en el gobierno. Sin embargo, hay un hecho importante. El voto de Uruguay en el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas, es un punto de inflexión en las relaciones uruguayo-israelíes. Y ese punto de inflexión no fue discutido en el Consejo de Ministros, nadie planteó la necesidad del debate. El Canciller informó al Consejo de Ministros allí y ningún ministro planteó ninguna discrepancia, hizo ninguna observación, ninguno planteó la necesidad de debatir el tema.

FV: ¿Y qué pasa ahora?

OAB: Pasan dos cosas. Lo primero es el desconcierto que expresa alguna gente – de la gente preocupada por el tema, molesta con la actitud uruguaya- de por qué en privado se les dice que no se comparte la decisión del gobierno y luego esa discrepancia no se plantea en los ámbitos de gobierno.

Lo segundo es que la oposición va a plantear en el Parlamento el debate sobre este tema. Y si el debate allí se plantea, pueden pasar dos cosas, que dependen más que nada de la actitud de la oposición. Si blancos o colorados, o ambos, van con la idea de armar un escándalo, de buscar ventajas políticas, no cambiará nada.

Si lo que van a discutir es cuál debe ser la política exterior del Uruguay, que ha dejado de ser una política de consenso, cuál debe ser el relacionamiento con Israel, entonces se le presenta una situación difícil al oficialismo. ¿Por qué? Porque para los que discrepan con la política exterior, o con estos aspectos de la política exterior, les va a ser difícil acompañar la línea de la Cancillería.

El tema de las relaciones uruguayo-israelíes puede devenir en uno de los grandes puntos de fricción al interior del gobierno. Depende de cuán torpe o cuán hábil actúe la oposición. Y depende de si los frenteamplistas discrepantes con la política exterior optan por mantener el apoyo acrítico al gobierno y dejar guardadas las discrepancias que manifiestan en privado, u optan por sostener en público las posturas que manifiestan en privado.