15 Abr. 2012

O Jogo do Bicho na politica

Oscar A. Bottinelli

El Observador

El juego de los números de cuál es la intención de voto, o la preferencia, o la simpatía, o cualquier cosa traducible a número: de candidatos, precandidatos, aspirantes a precandidatos, aspirantes a algo; de partidos, sectores, fracciones, agrupaciones. [...] Pero un tema esencial es el Jogo do Bicho propiamente dicho, es decir, el juego a las apuestas de quién gana o quién pierde. Hay una batalla de diferentes candidatos a ver quien dice tener más apoyo que el otro. Este juego parte de varios supuestos [...] Y en un sistema complicado como el uruguayo, visto en perspectiva de carrera presidencial y de partidos tradicionales ¿qué es votar a ganador?


Los números son algo que fascina a los seres humanos desde hace siglos. Hay números fastos y números nefastos1. Los sueños se convierten en números (el 48: il morto che parla). Si se combina con otra pasión milenaria, las apuestas, especialmente por dinero, se tiene una combinación cuyo atractivo linda con el vicio: el juego a los números. En este país se tradujo por muchas décadas en la Quiniela, a la que luego le salieron complementos: la Tómbola, el “5 de Oro”. En Brasil, hace mucho tiempo, ante el gran analfabetismo popular de entonces, la quiniela se jugó con figuras de animalitos en ligar de números; de ahí su nombre: O Jogo do Bicho. Con el tiempo desaparecieron los animalitos y aparecieron los atractivos números, pero no cambió su nombre.

Hay también aquí otro Jogo do Bicho en la política. El juego de los números de cuál es la intención de voto, o la preferencia, o la simpatía, o cualquier cosa traducible a número: de candidatos, precandidatos, aspirantes a precandidatos, aspirantes a algo; de partidos, sectores, fracciones, agrupaciones. Hay números sobre números: ¿cuántos votos sacará la lista número XX? Y este juego se completa con publicación de encuestas más o menos correctas o más o menos distorsionados, con títulos que benefician a uno y perjudican a otro, y que a veces coinciden y otras nada tienen que ver con los datos reales de las encuestas, de las mismas encuestas que contradicen al título. De aquí surgen varios temas: la divulgación de encuestas y de estadísticas, la realización de encuestas y sus contenidos, el uso de esas encuestas, su influencia.

Pero un tema esencial es el Jogo do Bicho propiamente dicho, es decir, el juego a las apuestas de quién gana o quién pierde. Hay una batalla de diferentes candidatos a ver quien dice tener más apoyo que el otro. Este juego parte de varios supuestos: Uno, que la gente vota primordialmente a ganador, en principio con independencia de valores, ideologías, programas, visiones del país, de la sociedad y del mundo, y aún con independencia del partido al que pertenecen los candidatos y al que pertenecen los electores. Dos, que a la gente no le importa demasiado cómo se posicionan los candidatos sobre los temas principales, ni sobre sus propuestas, ni cómo contribuyen a que las cosas se hagan mejor, sino que como en el turf, tratan de acertar al ganador, y en este juego no sólo para poder cobrar el boleto a ganador, sino además para poder subirse a ese caballo (¡pobre caballo, con tanta gente encima!). Tres, que la gente observa las encuestas, como quien sigue las cotizaciones de bolsa, para ver a quién le conviene apostar.

Sin duda, de aquí surgen dos temas. Uno que mediante la simple observación y sin ningún otro instrumento científico, pueden darse por válidas las suposiciones en un campo determinado: el de los dirigentes intermedios, de una parte significativa de los mismos. Efectivamente existe la percepción de que actúan en base a esas tres suposiciones, porque su objetivo primordial no es llevar adelante un programa, ni un conjunto de valores articulados, ni producir políticas – que todos ellos pueden ser objetivos secundarios- sino por encima de todo obtener resultados en su propia carrera política. Por tanto, es un tema de pronóstico y acierto con la finalidad de ocupar algún cargo público. Es una forma creciente de hacer política, tan legítima como cualquier otra, pero que tiene el pequeño inconveniente que ahonda la distancia entre la gente común (“el electorado”) y los actores políticos (“los políticos”) y aumenta el rechazo de el electorado en relación a los políticos.

Ahora bien, lo otro, la aplicación de las suposiciones al electorado, no es válido hacerlo con simples percepciones. El tema de fondo es por qué y cómo vota la gente, qué influencias recibe, cómo se socializa políticamente cada individuo. Es un conjunto de temas nada menor. Al menos desde hace dos tercios de siglo mucho más de un centenar de instituciones académicas (o de un par de centenares) a lo largo de todos los continentes vienen estudiando el tema. Desde los más diversos ángulos, las más diversas ciencias (sociología, ciencia política, psicología social, psicología política, historia, estadística) y diferentes marcos teóricos. Se ha producido una fenomenal bibliografía de millares de volúmenes, de libros, artículos de libros, artículos de revistas arbitradas, artículos de divulgación, documentos de trabajo. Se han construido varias redes internacionales de estudios comparados2.

En cuanto a la primera de las suposiciones, que la gente vota a ganador, que se da como un axioma y como tal sin necesidad de demostración, pasa lo que pasa con todo axioma: ¿es o no aceptable como tal? Pero antes aparece algo complicado - es la complejidad de todo lo aparentemente obvio- de qué quiere decir votar a ganador, o qué quiere decir ganador; es muy difícil determinarlo: es votar al que va ganando, al que no va ganando pero se le atribuyen posibilidades de ganar al final, al que corre de atrás, al que arranca primero, o es votar en contra del que va ganando para evitar que gane. Y en un sistema complicado como el uruguayo, visto en perspectiva de carrera presidencial y de partidos tradicionales ¿qué es votar a ganador? ¿Votar al que puede ganar en la interna de un partido? ¿O votar al que no se sabe si puede ganar en su partido, pero se cree que puede ir al balotaje, es decir, ganar en la competencia entre ambos partidos tradicionales? ¿O votar al que, sin preocuparse de esas dos instancias previas, ofrece las mejores condiciones de competencia en la instancia final, en el balotaje? Porque hay situaciones en que la respuesta no es única y a veces es triple. Se ve, al menos desde lejos, a uno como ganador en la interna de su partido, a otro como ganador en la competencia intra-tradicional y a un tercero como buen competidor por la medalla de oro, traducida en banda presidencial (Continuará)


1 Primera nota de una serie de tres sobre “Las motivaciones del voto”

2 A dos de ellas pertenece el Instituto Factum: el Comparative Natrional Election Project, coordinado por la Ohio State University, y el Comparative Study of Electoral Systems, coordinado por la Universidad de Michigan.