14 Set. 2012

El papel de los partidos en el sentimiento nacional y la aparición de sindicatos como factor político

Oscar A. Bottinelli – Diálogo con Fernando Vilar

Radiocero y Radio Monte Carlo

Es muy evidente la influencia de los sindicatos o de las dirigencias sindicales en la política uruguaya. [...] En los últimos tiempos, quizás en la última década, quizás un poco más atrás, cambia el papel de los sindicatos en relación a los partidos. [...] Ahora [...] son los comunistas, socialistas, emepepistas o poscomunistas que en el plano sindical impulsan sus propuestas y desde el campo sindical la trasladan al campo político.


OAB: Es muy evidente la influencia de los sindicatos o de las dirigencias sindicales en la política uruguaya. No solo por las tradicionales acciones reivindicativas y sus armas más poderosas como la huelga o las ocupaciones, sino también por la interacción entre las dirigencias sindicales, que son de izquierda, y el o los gobiernos de izquierda.

Para ver esto, debemos empezar lejos, empezar por mostrar cómo es el sistema político uruguayo.

FV: ¿Por dónde empezamos? ¿Cómo es el sistema político uruguayo?

OAB: El sistema político uruguayo ha sido caracterizado como un sistema partidocéntrico, en que los partidos políticos cumplen un rol central en todo el accionar político, en la formación, conducción y articulación de la sociedad. Un sistema en el cual la fortaleza de los partidos no es producto de ninguna construcción artificial, sino del hecho que fueron los partidos los que construyeron y moldearon la nacionalidad. El sentimiento de pertenencia partidaria es anterior al sentimiento de pertenencia nacional.

FV: Tú dices que el sentimiento partidario en este país es anterior al sentido de nacionalidad ¿cómo es eso?

OAB: Como habitantes de un territorio de fronteras difusas y dominio disputado, los orientales –los habitantes de la Banda Oriental- construyeron tardíamente un sentimiento de patria. Aunque en el ciclo artiguista se evidencia con claridad la existencia de una fuerte identidad, la de orientales, la de ser algo diferenciado del resto de los habitantes del Virreinato del Río de la Plata; pero eso no quiere decir sentimiento de nacionalidad.

Primero, entonces, lo oriental como sinónimo de pertenencia a un territorio muy claro, limitado por el Río de la Plata y el río Uruguay, diferenciado del resto del Virreinato. Luego aparece otro concepto de oriental, como lo ligado a las raíces hispánicas y rioplatenses, en oposición a lo cisplatino, lo ligado a las raíces lusitanas y al Brasil.

FV: No hay todavía sentimiento de nacionalidad, entonces.

OAB: No. Es dominante entre los historiadores la tesis que el concepto de nacionalidad, de patria, de perteneciente a un país distinto a los demás del universo, se conforma en la segunda mitad del siglo XIX, en forma paralela y relacionado con lo que se llama el surgimiento de la leyenda de Artigas, es decir, la exaltación de la figura de Artigas como símbolo nacional, como referente de toda esa nueva nacionalidad.

Pero antes –y esto es lo importante a los efectos de este análisis- ya existía la pertenencia a lo blanco o a lo colorado, pertenencias reforzadas por la sangre, en su doble sentido: los lazos de padres a hijos que perpetúan la tradición, y la sangre derramada que separa a unos de otros. La identidad partidaria es anterior a la identidad nacional.

Con la modernidad, esos partidos pasan a ser los grandes integradores de las olas migratorias y los articuladores entre el hombre de a pie y el cada vez más omnipresente Estado.

FV: ¿Y qué pasa con el surgimiento de los actores sociales, especialmente los sindicatos?

OAB: Se observa que los actores sociales se conformaron en torno a los partidos o se conformaron por parte de los partidos políticos. Quizás a consecuencia de ese papel central de los partidos, pero a su vez reforzaron ese papel central.

El sindicalismo es el caso más típico, sobre todo a partir de la pérdida de influencia del anarquismo, única fuerza que podía darle a los sindicatos un papel alternativo al de los partidos. 

En los últimos tiempos, quizás en la última década, quizás un poco más atrás, cambia el papel de los sindicatos en relación a los partidos.

Hasta despuntar los años noventa, los sindicatos operaban como actores especializados de los partidos políticos de izquierda, en una arquitectura bien configurada: una clara mayoría que operaba en torno al Partido Comunista y quienes compartían su visión sindical, y una minoría esencialmente integrada por los sectores a los que hoy se denomina radicales y que a sí mismo se denominan combativos.

Toda disidencia en la izquierda entre el plano partidario y el plano sindical tenía como única explicación el que actores políticos intentaban crear hechos a través del movimiento sindical o pretendían usar el campo sindical para dirimir las contiendas en un terreno más favorable a sus intereses.

FV: ¿Y esto sigue siendo así?

OAB: En la última década esto cambió parcialmente. El cambio fue más al interior de cada sector de izquierda. Ya no es el Partido Comunista ni otros partidos o movimientos quienes toman la decisión estratégica a nivel de los partidos y la aplican en los sindicatos a través de sus cuadros sindicales.

Ahora es al revés: son los comunistas, socialistas, emepepistas o poscomunistas que en el plano sindical impulsan sus propuestas y desde el campo sindical la trasladan al campo político. A veces los militantes de un mismo partido impulsan una estrategia en un sindicato y otra diferente en otro, al compás de los intereses corporativos de los distintos gremios.

Así apareció un nuevo fenómeno: el movimiento sindical como el impulsor de acciones políticas, e incluso político-electorales, que arrastra luego a la dirigencia partidaria de la izquierda. Los referendos exitosos de 1992 y 2003 partieron de los sindicatos de ANTEL y ANCAP, y los intentos fallidos de referendo sobre el Marco Regulatorio del Sistema Eléctrico Nacional, sobre la prescripción y caducidad de los plazos laborales y sobre un conjunto de disposiciones de la Ley de Urgencia N° 2, todos ellos también partieron de los sindicatos y envolvieron a los grupos políticos de izquierda.

A esto hay que sumarle actores sindicales cuyo respaldo político es muy pequeño. Un caso típico es el del gran referente de la Salud Pública, el representante sindical en el directorio de ASSE, Alfredo Silva, que pertenece a un grupo muy pequeño dentro del Frente Amplio, en cambio con un formidable peso sindical.

FV: Hasta aquí avanzamos con los sindicatos ¿y qué pasa ahora con sindicatos y gobierno, o entre sindicatos y partido de gobierno?

OAB: Eso es precisamente lo que analizaremos el próximo viernes, la relación entre el partido de gobierno y los sindicatos.