21 Set. 2012

Los diferentes dilemas del sindicalismo ante un gobierno de izquierda

Oscar A. Bottinelli – Diálogo con Fernando Vilar

Radiocero y Radio Monte Carlo

La dicotomía campo político-campo social estalló en plenitud en este gobierno, particularmente en relación a los funcionarios públicos, al punto de desafiar los lineamientos del gobierno y dividir a la bancada oficialista entre el apoyo a los postulados del gobierno y el apoyo a los postulados sindicales.


OAB: Analizamos en tres semanas el papel central de los partidos políticos, esencialmente de los partidos tradicionales, pero también de los marxistas, en la construcción del sentimiento nacional. Y luego analizamos las contradicciones entre la conducción política y la conducción sindical a nivel de la izquierda, con una serie de ejemplos prácticos. Analizamos también el papel de los juegos de poder en el respaldo a la tesis del papel fundamental del partido o el papel fundamental del actor social, del sindicato.

FV: ¿Y ahora por dónde seguimos?

OAB: Veamos que el dilema entre lo político y lo social no es solamente juego de poder. Hay también dicotomías, diferencias, alternativas, de tipo ideológico o conceptual.

Por más de cien años hubo una oposición de tesis, entre la concepción del sindicalismo clasista y la del sindicalismo economicista. Es decir, el sindicalismo clasista es la concepción del sindicalismo como la expresión del movimiento de los trabajadores organizados en lucha por sus reivindicaciones de clase, en el marco de una lucha de clases. Esa es la visión llamada “clasista”

La otra, la que durante mucho tiempo se llamó la visión economicista, que es un término que ha desaparecido del lenguaje de izquierda, significa que el sindicalismo es la expresión de un movimiento que lucha por reivindicaciones económicas puntuales, ya fuere del conjunto de los asalariados o de un segmento de asalariados, inclusive aún en contra de otro conjunto de asalariados. O si se quiere, en una forma más amplia, la lucha por reivindicaciones no solo salariales, sino económicas de otro tipo, además de lucha por mejores condiciones de trabajo. Su objetivo no es un cambio de sociedad ni una confrontación de clases, sino la obtención de resultados puntuales para un gremio en particular, para una corporación.

FV: ¿Sindicalismo economicista y corporativismo son sinónimos?

OAB: Vayamos por parte. Es asimilable aunque no son sinónimos. El corporativismo puede definirse como la tendencia extrema a la solidaridad interna y a la defensa de los intereses de cuerpo. Y esto no es solo tema de asalariados, sino que puede serlo de grupos profesionales (incluidos allí los militares), de empresarios o de determinados agrupamientos sociales de los individuos.

La concepción del sindicalismo economicista o corporativista constituyó una corriente extremadamente minoritaria en el movimiento sindical uruguayo desde su origen hasta un momento que no es fácil de determinar, pero claramente es hasta finales de los años ochenta o comienzos de los noventa del siglo pasado, del siglo veinte.

El corporativismo en los diferentes órdenes -empresarios, de asalariados, profesionales- despunta con claridad con los años noventa, en gran medida a consecuencia del avance en el país de las ideas del libre mercado, la competencia y la competencia individual; y sin duda adquiere gran fuerza en los últimos años. Quizás se viva ahora el momento más alto conocido en el país de concepción corporativista en los distintos campos y niveles. A nivel sindical parecería claro que el corporativismo pionero, con mucha fuerza y gran éxito, ha sido el bancario.

FV: ¿Se puede decir que el corporativismo gremial es producto de la izquierda?

OAB: En su origen, no. Posteriormente en gran medida, sí. Algunos elementos de corporativismo presentes en la ingeniería política del Uruguay son ajenos a la izquierda:

Uno. El gobierno de la enseñanza media por partes de los docentes desde 1935 a 1989

Dos. La presencia de sectores corporativos en el Directorio del Banco de Previsión Social (asalariados, pasivos, empleadores) fue establecida en la reforma constitucional de 1966 a impulsos del Batllismo Lista 15

Tres. La COPRIN (Comisión de Productividad, Precios e Ingresos) creada durante el periodo de Pacheco Areco, con la finalidad de regular todos y cada uno de los precios y los salarios del país, tuvo integración estatal, empresarial y sindical

Cuatro. La creación constitucional de un Consejo de la Economía Nacional plenamente corporativista (de inspiración en los nacional corporativismos dominantes en Europa en los años treinta) fue creado por Gabriel Terra y Luis Alberto de Herrera en la Constitución de 1934, aunque nunca aplicado. Tabaré Vázquez intentó desempolvarlo y finalmente no lo hizo.

A lo que cabe sumar, a impulsos multipolíticos –blancos, colorados e izquierda incluida- del gobierno corporativo de la Universidad de la República (estudiantes, docentes, egresados)

FV: ¿Y algo más matizado, más intermedio en las tesis sobre el sindicalismo?

OAB: Sí, un pariente del sindicalismo clasista (en el sentido de lucha de clases), es el que sin ser exclusivamente clasista tiene pretensiones colectivas, es decir, que las reivindicaciones parciales deben armonizarse con -e incluso subsumirse en- los objetivos colectivos, ya sea del conjunto de los trabajadores (asalariados) ya sea del país. Este tipo de sindicalismo es más compatibilizable con los gobiernos y los partidos políticos, en tanto los gobiernos y los partidos políticos en general tienen visiones más omnicomprensivas que las corporaciones.

FV: ¿Y qué pasa con todo esto con la izquierda en el gobierno?/p>

OAB: El periodo anterior reveló juegos contenidos del corporativismo, con bajos niveles de confrontación, en gran medida porque al ser el primer gobierno de izquierda las distintas fuerzas sentían una particular necesidad de cuidar la experiencia, de evitar un fracaso por su culpa.

Las reivindicaciones colectivas en general fueron contenidas o autocontenidas. A ello contribuyó además que fue un gobierno fuertemente verticalista, y ese verticalismo presidencial, jugado en dosis homeopáticas, con una precisa elección del momento y la circunstancia, diluyó toda posible disidencia o todo posible cuestionamiento, al punto que el único gran desafío que sufrió el presidente de la República como gobernante lo constituyó el tema del aborto.

Sin embargo, durante el gobierno anterior el Frente Amplio caminó hacia el fortalecimiento de los corporativismos. Por un lado en la enseñanza, al introducir un representante de los docentes en el Consejo Directivo Central de la Administración Nacional de la Enseñanza Pública y los consejos derivados de Primaria, Secundaria y UTU. Por otro, en la creación de la Administración de los Servicios del Estado, al incluir un directorio en representación del sindicato de funcionarios de la salud pública y por otro a un representante de una organización de “usuarios de Salud Pública”, de escasísima representatividad

FV: ¿Y con este gobierno?

OAB: La dicotomía campo político-campo social estalló en plenitud en este gobierno, particularmente en relación a los funcionarios públicos, al punto de desafiar los lineamientos del gobierno y dividir a la bancada oficialista entre el apoyo a los postulados del gobierno y el apoyo a los postulados sindicales.

Pero estalló no solo en el campo más habitual de las remuneraciones, sino que se extiende al propósito del movimiento sindical del funcionariado público, de tener derecho de veto sobre la reforma del Estado.

FV: ¿Y cómo podemos resumir todo esto, lo analizado en estos tres espacios?

OAB: Como pinceladas, puede observarse:

Uno. Todo lo señalado anteriormente en lo teórico, en la praxis y en los juegos de poder.

Dos. El crecimiento de la visión corporativa, que incluso supera a los sindicatos que se ven desbordados por corporativismos al interior de los propios grupos de trabajo, de pequeños grupos que defienden sus intereses en asintonía y hasta oposición con el resto de sus compañeros.

Tres. El surgimiento de un derecho de veto corporativo que limita el poder del gobierno en la administración del Estado e inclusive se llegó en algunos lugares, como ASSE, a sostener que los cargos de particular confianza deben ser de particular confianza no solo de la fuerza política –o no de la fuerza política- sino de la organización sindical

Cinco. La propia dualidad que surge en el movimiento sindical entre un compromiso con el gobierno, de coincidencia estratégica con la fuerza política que gobierna, y quienes postulan la defensa de intereses propios aún en contra del gobierno y de la fuerza política

Seis. La otra dualidad que aparece en el campo sindical, en gran parte superponible a la anterior, pero no plenamente, entre apostar a un sindicalismo economista o corporativo (aunque se rechacen estos términos) o apostar a un sindicalismo político donde se privilegia lo global y lo colectivo sobre lo sectorial.