23 Set. 2012

Desafíos electorales para el F.A.

Oscar A. Bottinelli

El Observador

Analizar el posicionamiento presente del Frente Amplio tiene serias dificultades, por la aparición de manera significativa de una opinión conducente a la actitud refractaria [...] Aún así, el Frente Amplio expresa una sólida captación de electorado [...] La gran fortaleza está en que los enojados, disconformes, decepcionados con el Frente Amplio y con el gobierno frenteamplista, se sienten cultural e ideológicamente ajenos a los partidos tradicionales [...] Dentro de las fortalezas están las debilidades.


Analizar el posicionamiento presente del Frente Amplio1 tiene serias dificultades, por la aparición de manera significativa de una opinión conducente a la actitud refractaria, que se expresa en el manifestar que se votaría en blanco, se anularía el voto o que no se votaría a ninguno. Esta actitud refractaria es oscilante, en un abanico muy elevado para la tradición uruguaya: desde las elecciones departamentales de mayo 2010 no baja del 8% y ha llegado hasta el 13%. No son indecisos, que oscilan normalmente entre el 7% y el 12%, excepcionalmente tocaron en algún momento el 16%, que es el conjunto de personas que no sabe a qué votaría. Los refractarios no es que no sepan, están enojados o decepcionados. Y en su abrumadora mayoría están enojados o decepcionados con el Frente Amplio.

Aún así, el Frente Amplio expresa una sólida captación de electorado en una banda con un piso en el 40% (del que nunca ha bajado) y un techo del 44%. Cuenta con una fuerte base electoral en los asentamientos, los barrios periféricos y las zonas donde no abundan los teléfonos fijos, que le permite sostenerse en ese piso y en general estar por encima del mismo. Esas zonas (no registradas en la mayoría de las encuestas) impiden al Frente Amplio bajar del 40%. Pero aun con un 44%, sin aliados, no se gana un balotaje ni se obtiene mayoría parlamentaria. Esa es una gran debilidad.

La gran fortaleza está en que los enojados, disconformes, decepcionados con el Frente Amplio y con el gobierno frenteamplista, se sienten cultural e ideológicamente ajenos a los partidos tradicionales, tanto al Partido Nacional como al Partido Colorado. Los votantes desencantados de izquierda se sienten de izquierda y ven a blancos y colorados como de derecha; entre lo uno y lo otro para ellos hay un foso. No importa cuánto de real y cuánto de fantasía haya en esa percepción, porque cada uno actúa según cómo percibe las cosas, fueren como fueren. Y en todo caso no hay nadie actuando sobre ellos que los pueda convencer que sus percepciones son equivocadas. Entre otras cosas, porque los dirigentes blancos y colorados están demasiado atareados en su propia competencia interna como para preocuparse de los frenteamplistas. Esta es otra fortaleza para el Frente Amplio. Más aún, los ataques a la izquierda y al gobierno, desde los actores políticos y comunicadores blancos y colorados, se hacen en un lenguaje, una forma y con conceptos que provocan el rechazo de esos frenteamplistas disconformes. Esos ataques provocan el regocijo de los blancos y colorados ya convencidos, pero son inútiles en el juego de quitarle piezas al adversario.

Dentro de las fortalezas están las debilidades. Los frenteamplistas disconformes pueden sentir obstáculos muy fuertes para pasarse a votar al Partido Nacional o el Partido Colorado. Podría votar al Partido Independiente, aunque depende de que este partido asuma posturas más fines a la cultura e ideología de los frenteamplistas disconformes, cosa que no está haciendo, más bien lo contrario. Pero el que pudiere hacerlo no deja de ser una debilidad potencial para el Frente Amplio. La otra es que los refractarios rompan el tabú uruguayo de que se vota por la positiva, se vota a alguien o algo y no se tira el voto, por tanto que no se vota en blanco ni se anula el voto. La ruptura del tabú, el que decir voto en blanco se traduzca en voto en blanco, o en anulado, o en quedarse en la casa, puede significar la diferencia entre la mayoría parlamentaria y la minoría parlamentaria (la minoría mayor, sin duda, pero minoría al fin) y la diferencia entre ganar y perder un balotaje.

El tabú se rompió en las elecciones departamentales de Montevideo y Canelones de 2010, pero quienes votaron en blanco sentían que no ponían en riesgo la continuidad del Frente Amplio en el gobierno de ambos departamentos, y se traducía estrictamente como un voto inocuo de protestas. Y en última instancia, de traducirse en pérdida del gobierno departamental, no es lo mismo que poner en riesgo el gobierno nacional. Todo ello conduce a que sea difícil para un frenteamplista por disconforme que estuviese, el asumir una actitud refractaria y hacerle perder a la izquierda el gobierno o la mayoría parlamentaria. Esta es la fortalezca en la que tiene puesta su fe la dirigencia frenteamplista

Naturalmente que faltan elementos centrales en la definición. Por un lado, aunque no parece lo más relevante para los desafíos que afronta la izquierda, es cómo se define la arquitectura electoral de los partidos tradicionales. Por otro lado, esto sin especialmente relevante, es la definición de las propias candidaturas frenteamplistas (la fórmula presidencial) y de la arquitectura de corrientes senatoriales y parlamentarias. Para lo primero es esencial despejar el factor Vázquez, si es o no candidato2. Si no lo es, el Frente Amplio tiene en sus manos encaminarse a la victoria o a la derrota, en gran medida por su propia decisión. Factores de riesgo son la forma en que resuelva el candidato presidencial, porque no puede repetir la malhadada experiencia de la pasada selección de la candidatura a la Intendencia Departamental de Montevideo. Pero además de la forma de selección, es la forma en que dirima la competencia interna (que en 2009 fue bien manejada), pero también el tiempo y la forma en que se complete la fórmula presidencial, ya que en 2009 constituyó un gran debe la dilación y los extremos a que se llegó para la designación del candidato vicepresidencial. Y no menos importante es quién resulte ser el candidato presidencial y el candidato vicepresidencial. Porque sin Vázquez, no le va a ser fácil desenojar a los enojados, hacer creer a los descreídos. El factor Vázquez, en cambio, es otra cosa, pero tiene sus escollos. Para empezar, tiene que decidirse a ser candidato y tiene que ser aceptado por todos los descreídos.


1 Primera de cuatro notas sobre el posicionamiento de los partidos a dos años de las elecciones nacionales del 26 de octubre de 2014

2 Es un tema de análisis en sí mismo, que se presentará el próximo domingo