14 Oct. 2012

Los desafíos para el nacionalismo

Oscar A. Bottinelli

El Observador

El Partido Nacional afronta múltiples desafíos, en primer lugar, por ser el único de los tres grandes partidos que compite a dos puntas: a derecha y a izquierda, o si se prefiere, a derecha y al centro.[...] El nacionalismo está aritméticamente cómodo y sin embargo con fuertes desafíos, quizás el partido que tiene más desafíos externos de los tres grandes. Pero además con un conjunto complejo de desafíos internos.


El Partido Nacional afronta múltiples desafíos1, en primer lugar, por ser el único de los tres grandes partidos que compite a dos puntas: a derecha y a izquierda, o si se prefiere, a derecha y al centro. El desafío hacia la derecha ha generado además un síndrome que condiciona y hasta paraliza a buena parte de la dirigencia nacionalista, que podemos denominar el “síndrome Bordaberry”. Pero además de eso, el Partido afronta problemas serios de conformación de su arquitectura. Quien observa la dirigencia nacionalista ve a un elenco preocupado, casi asustado, uno diría que con temor. Sin embargo, en ningún momento a nivel de estudios de opinión pública ha perdido el segundo lugar, e inclusive en los dos últimos años en forma consistente guarda una distancia con el coloradismo nunca inferior a 5 puntos porcentuales, que llegó inclusive a los 13 puntos (con una sola excepción, el casi empate del 2° trimestre de 2011, en que quedó apenas un punto por encima).

Un dato clave es el dominio de Jorge Larrañaga. No solo capta como mínimo la adhesión de la mitad de los nacionalistas (de los que hoy estarían dispuestos a votar al Partido Nacional), sino que el 60% de los uruguayos y el 68% de los nacionalistas creen que él será el candidato único blanco. Desde este punto de vista la posición de Alianza Nacional es muy sólida. Sin embargo, lo que no le da solidez es el elevado nivel de nervioso de la dirigencia de este sector, permanentemente preocupada por sus adversarios internos y por Bordaberry. Larrañaga ha desplegado su juego hacia el centro. Primero como el hombre diálogo y colaboración con el gobierno, de oposición constructiva, y luego a partir del fracaso de ese diálogo y esa colaboración, del enfrentamiento al gobierno no por la oposición misma, sino por el incumplimiento. Si bien no es comprobable una asociación total entre esa actitud y el apoyo que logra en la opinión pública, al menos puede decirse que hay una correlación aritmética fuerte. De donde puede deducirse que esa política de competir hacia el centro ha dado resultado. Sin embargo, una parte nada menor de Alianza Nacional vive obsesionada por los ataques desde la derecha y se lamenta no estar compitiendo plenamente en la derecha, es decir, en plena superposición con Bordaberry y Unidad Nacional. Entonces, el primer desafío es que toda la dirigencia aliancista entienda que si abandona su actual juego y se corre a la derecha, va a buscar competir en un terreno que está doblemente ocupado, por gente más confiable y creíble para la derecha que ellos mismos.

El otro desafío de arquitectura lo tiene Unidad Nacional, es decir el Herrerismo y aliados. Antes que arquitectura tiene un problema de identidad. Son pocos los uruguayos, son pocos sus propios votantes, que tienen idea qué es Unidad Nacional. No es una marca, no genera pertenencias. Por otro lado hay sectores aparentemente fuera del Herrerismo, dado que tienen un nombre diferente: Soplan Vientos Nuevos (Vidalín), Aire Fresco (Lacalle Pou) ¿Están verdaderamente fuera del Herrerismo? Entonces ¿qué es el Herrerismo? ¿Solamente la gente de la 71? ¿Y dónde entra Luis Alberto Lacalle? Porque hay que entender que en política, como en el comercio, el valor marcario es algo fundamental. Pero en política no solo es adhesión como consumidor, es asumir una identidad, una pertenencia. Si la marca se diluye o se confunde, no hay marca, entonces no hay pertenencia ni identidad. Ese es un primer gran elemento debilitante. Porque lo que sí era claro es que el Herrerismo es una cosa y Correntada Wilsonista (Gallinal) otra, por orígenes y sensibilidades políticas diferentes. Pero todo lo demás que aparece en Unidad Nacional no tiene una identidad diferente al Herrerismo, aunque lo quiera.

Complica además el tema de la conducción sectorial y de su posicionamiento electoral. Hay varios referentes y no hay uno solo. No es malo que haya varios referentes, si la opción estratégica es apostar a un elenco colectivo, un colegiado. Hoy por hoy no hay apuesta a un elenco colectivo, aunque Luis Alberto Heber parece apuntar hacia allí, a no ser “La figura” sino el “primus interpares” de un gran elenco. Pero tampoco Unidad Nacional define qué piensa hacer con la candidatura presidencial. Porque tiene varios caminos por delante: uno es decir, Larrañaga domina hoy, más vale proclamarlo y armar una fórmula con un vice herrerista; otro es decir: “elijamos ya, antes que sea tarde, nuestro candidato, nuestro referente, y empecemos la competencia interna”.

Muchos creen que las incógnitas presidenciales templan a los partidos. Lo cual es realmente cierto en determinado momento. Pero no es válido urbe et orbi. Si no, al Frente Amplio no le hubiese servido la constante certeza de su candidatura presidencial, certeza que solo desapareció en las últimas elecciones. Y no le serviría al Partido Colorado lo que la opinión pública cree que es la inexorabilidad de la candidatura Bordaberry. Entonces, hay otro desafío para el nacionalismo que es mirar si lo que aparece como obvio es tan obvio, dado que no coincide con la obviedad de los otros dos partidos.

Pero además es necesario tener en cuenta que si la competencia pública se centra en la disputa presidencial, no deja espacios para los que busquen otro nivel de disputa, nada menor, como es la senatorial, o más específicamente, el armado de fuertes corrientes internas que se expresan en el plano de listas al Senado. Da la impresión, al menos a primera vista, que a todos quienes su objetivo es la conformación de fuertes corrientes y listas senatoriales, les sirve despejar cuanto antes la confrontación presidencial.

El nacionalismo está aritméticamente cómodo y sin embargo con fuertes desafíos, quizás el partido que tiene más desafíos externos de los tres grandes. Pero además con un conjunto complejo de desafíos internos.


1 Última de cuatro notas sobre el posicionamiento de los partidos a dos años de las elecciones nacionales del 26 de octubre de 2014. Ver Desafíos Electorales para el F.A, El poder de decisión de Vázquez y Los desafíos para el coloradismo, El Observador.