04 Ene. 2013

Los movimientos en la interna nacionalista y la candidatura de Unidad Nacional

Oscar A. Bottinelli – Diálogo con Fernando Vilar

Radiocero y Radio Monte Carlo

Unidad Nacional viene con gran retraso en la carrera, pues no tiene un referente natural ni ha designado un referente. [...] En principio tendría que haber una única candidatura acordada por todos y respaldada por todos. [...] Este es el cambio más grande en el panorama nacionalista y el nuevo cuadro con el que deberá lidiar Unidad Nacional. Definir por Lacalle Pou, por Heber, por Ana Lía Piñeyrúa, qué pasa con Gallinal o con Cardoso. 


OAB: ¡Feliz año nuevo! Comienza pues el año pre-electoral, es decir, el año anterior al año de las elecciones. Recordemos que hace cinco años, en 2008, al culminar el mes de enero Tabaré Vázquez anunció cambios en el gabinete, en particular para dejar fuera del mismo a los que entraban en la carrera electoral, particularmente a José Mujica y Danilo Astori. También en enero se realizó el acuerdo entre Luis Alberto Lacalle y Francisco Gallinal que dio origen a Unidad Nacional y a la pre candidatura del ex presidente de la República, acuerdo que se hizo público en marzo. La otra ala nacionalista contaba con un candidato natural, Jorge Larrañaga, y el coloradismo con un candidato ya en camino a dominar el partido, Pedro Bordaberry. Así se situaba el panorama cinco años atrás.

FV: ¿Y hoy que tenemos?

OAB: Vayamos poco a poco en estas tres semanas. Primero veamos el Partido Nacional. Cuenta con dos grandes alas que son Alianza Nacional y Unidad Nacional, esta última constituida por el herrerismo, Correntada Wilsonista y otros aliados. Igual que en 2008, Alianza Nacional tiene un candidato natural, Jorge Larrañaga, que por ahora es además el candidato dominante en el nacionalismo, con una apoyatura no inferior a la mitad del electorado blanco. Más bien se mueve entre el 50% y el 60% del electorado blanco.

Luego hay dos candidatos de sectores nuevos, independientes a los dos grandes bloques: Sergio Abreu por Dignidad Nacional y Jorge Saravia por la Concertación Republicana Nacional.

A su vez, el líder natural e histórico del herrerismo y de Unidad Nacional, el ex presidente de la República Luis Alberto Lacalle, anunció que se retira y no será candidato presidencial. Entonces, aparece un vacío de representación en Unidad Nacional.

FV: ¿Y cómo se llena ese vacío?

OAB: Ahí está el problema. El vacío se llena con la definición de la candidatura presidencial. La lista 71, la dominante del Herrerismo, hizo correr dos candidatos: el presidente del Directorio del Partido Nacional Luis Alberto Heber y la diputada y ex candidata a la intendencia capitalina Ana Lía Piñeyrúa. Por otro lado corren otros dos candidatos: José Carlos Cardoso, diputado por Rocha y ex viceministro de Educación y Cultura, y el líder de Correntada Wilsonista Francisco Gallinal.

FV: ¿Y ahora aparece otro nombre en la carrera?

OAB: El nombre siempre estuvo, lo que cambia es que se oficializa la candidatura: Luis Lacalle Pou se lanza al ruedo. Para ello cuenta con el apoyo de sus tres diputados (él mismo y Amin Niffouri, ambos por Canelones y Alvaro Delgado Ceretta por Montevideo). Se le han sumado los diputados blancos de Maldonado, Rivera, Artigas, Río Negro, Colonia y Florida. En total cuenta con el apoyo de 9 diputados de los 18 que tiene Unidad Nacional y con ninguno de los cinco senadores.

En las encuestas, sobre un total de 24% que capitaliza el Partido Nacional, Lacalle Pou obtiene en este momento el 4%, Heber el 2%, Piñeyrúa y Gallinal el 1% cada uno y Cardoso menos del 1%. Entonces, dentro del nacionalismo Lacalle Pou obtiene entre la sexta y la quinta parte de los votos y Heber un poco menos de la décima parte.

FV: ¿Qué consecuencias tiene todo esto?

OAB: Unidad Nacional viene con gran retraso en la carrera, pues no tiene un referente natural ni ha designado un referente. Se han fijado plazo para febrero. Aquí hay dos problemas diferentes. Por un lado la Lista 71 hace una jugada complicada como es presentar dos nombres con la idea de ver cuál de ambos podría despegar. Lanzar dos nombres implica impulsar a dos personas a competir entre sí por el apoyo de dirigentes y por el apoyo de opinión pública, lo cual como tal debilita a la agrupación, o por lo menos lo más probable es o un debilitamiento o la aparición de riesgos de ruptura. Impulsar dos candidatos en general no da buenos resultados y parece ser que este caso no es la excepción, que es más lo que ha complicado internamente a la Lista 71 que lo que la ha beneficiado.

El otro tema es Luis Lacalle Pou y el manejo de los tiempos.

FV: ¿Qué quieres decir con el manejo de los tiempos?

OAB: Comienzo con una anécdota. En 1984 Luis Alberto Lacalle, con 43 años, era empujado por su sector, el entonces Consejo Nacional Herrerista para que fuese candidato presidencial en esas primeras elecciones post gobierno militar. En 1984 el Partido Nacional estaba dominado por la figura de Wilson Ferreira Aldunate y se corría el riesgo que toda otra candidatura, que no fuese la designada por el líder blanco, tuviese serias dificultades electorales. Lacalle analizó que una candidatura suya en ese momento podría ser prematura y arriesgar su futuro político y el de su grupo. Y decidió esperar, concurrir con su propia lista al Senado y esperar. El tiempo le dio la razón, ya que obtuvo dos senadores y a los cinco años, circunstancias fortuitas mediante, alcanzó lo inalcanzable: por primera vez en la historia, un dirigente blanco era elegido directamente por el pueblo presidente de la República. Hasta ahora primera y única vez.

Luis Lacalle Pou va a llegar a las elecciones de 2014 con 41 años de edad. Hasta hace dos años él maduraba una estrategia de manejo conservador de los tiempos, sin apresuramientos, con miras a 2019, una elección que para un dirigente joven aparece muy despejada, no solo en el nacionalismo sino en el conjunto del sistema político. 2014 puede ser la última elección para muchos dirigentes políticos frenteamplistas, colorados y blancos.

Su estrategia suponía conformar una lista al Senado que obtuviese un fuerte apoyo electoral y con ello despegar hacia el año 19. Pero muchos dirigentes herreristas creen que ningún otro dirigente de su sector tiene fuerza electoral para dinamizarlo y enfrentar a Larrañaga y por eso lo impulsan ya, ahora. Y muchos dicen que si deja pasar esta oportunidad, puede no haber una segunda oportunidad. Este es el argumento para apurar el caballo.

FV: ¿Tiene riesgos?

OAB: Primero que todo tiene que dirimirse el mes que viene, hacia fines de febrero, la candidatura de Unidad Nacional. En principio tendría que haber una única candidatura acordada por todos y respaldada por todos. El primer riesgo es no lograr consenso. En la suposición que Lacalle Pou lograse acuerdo en torno a su candidatura, comienza para él una sucesión de desafíos.

Por un lado con 39 años ahora, 40 cuando las elecciones internas y 41 cuando las elecciones nacionales, tiene tiempo por delante. No tiene delante suyo un ahora o nunca. Esa es una gran ventaja.

Por otro lado es nuevo en el nivel de lides presidenciales y en términos uruguayos muy joven, lo cual puede ser una ventaja pero puede ser mucho más una contra.

Pero además no es un candidato nuevo cualquiera, sino el sucesor de su padre, en la elección inmediata al retiro de su padre, con su padre vivo y activo. Casi no hay ejemplos de sucesión familiar de liderazgos políticos en vida, lo cual es una experiencia realmente nueva.

Esta sucesión sin duda va a llevar a muchas comparaciones: si su performance con Larrañaga es mejor o peor que la de su padre. Si gana las internas, si como candidato único del Partido Nacional tiene un resultado mejor, peor o igual que el de su padre. Y si pierde y se sigue el criterio de manejar el primero y el segundo como los dos términos de la fórmula presidencial, la reiteración de la fórmula con Larrañaga y con Lacalle, aunque en este caso el Lacalle sería el hijo y no el padre.

Por supuesto que el ser hijo de Lacalle y bisnieto de Herrera le da también el arrastre de la gente que tiene sentido de pertenencia al viejo herrerismo y al nuevo herrerismo recreado por Lacalle.

Este es el cambio más grande en el panorama nacionalista y el nuevo cuadro con el que deberá lidiar Unidad Nacional. Definir por Lacalle Pou, por Heber, por Ana Lía Piñeyrúa, qué pasa con Gallinal o con Cardoso.