10 Feb. 2013

Reinaldo Gargano, el polémico

Oscar A. Bottinelli

El Observador

Reinaldo Gargano era uno de los últimos sobrevivientes de los dirigentes que participaron en la etapa fundacional del Frente Amplio y muere precisamente el día que el Frente Amplio cumple su 42 años. Sanducero de clase media, socialista, sindicalista, dirigente juvenil, político, exiliado, combatiente de la dictadura, senador, canciller.


Reinaldo Gargano era uno de los últimos sobrevivientes de los dirigentes que participaron en la etapa fundacional del Frente Amplio y muere precisamente el día que el Frente Amplio cumple su 42 años. Sanducero de clase media, socialista, sindicalista, dirigente juvenil, político, exiliado, combatiente de la dictadura, senador, canciller. En su exilio catalán fue una pieza importantísima en el sostén que necesitó para organizarse el Partit dels Socialistes de Catalunya, cuando debió pasar de una estructura política ilegal a una estructura pública en la competencia electoral y la movilización de masas. Fue también uno de los pilares del funcionamiento del Coordinador del Frente Amplio en el Exterior con sede en Madrid, presidido por Hugo Villar. Al retorno al país en 1984 los socialistas lo designan secretario general del Partido Socialista, cargo que ocupa hasta julio de 2000. Bajo su secretaría general La 90 pasó de estar fuera del Senado y contar con un diputado a obtener hasta cuatro senadores y una docena de diputados. Desde 2001 hasta su muerte presidió el Partido Socialista y ejerció su liderazgo pleno desde la primera mitad de los ochenta hasta finales de 2005.

Un hombre muy firme en sus convicciones, sintético a la hora de expresar sus ideas, polarizante en las simpatías y antipatías. Fue un hombre frontal, sin dobleces, con claridad en el apoyo y en el cuestionamiento. Nunca dejó lugar a dudas de su pensamiento y su sentimiento. Esas características le ganaron la fama de hombre huraño, gruñón. En realidad todo ello ocultaba una gran sensibilidad y un carácter muy afectuoso. Contra la idea generalizada, uno siente que fue un hombre extremadamente cariñoso. Pero además nadie discute que siempre privilegió los intereses políticos a los deseos o enojos personales.

En lo ideológico fue un marxista neto, claro, de fuerte oposición al stalinismo y a toda forma de autoritarismo. Y desde el marxismo adhirió con mucha fuerza a la idea del liberalismo político, de la democracia sobre bases no solo políticas, sino sociales y económicas. Ello no le impidió apoyar la Revolución Cubana y posicionarse así (la cita es conceptual y no textual): soy un demócrata, Cuba es una dictadura, apoyo a Cuba y convivo con esa contradicción.

Uno de los momentos estelares de su vida fue la titularidad del Ministerio de Relaciones Exteriores entre el 1° de marzo de 2005 y el 3 de marzo de 2008. Su cancillería fue polémica, pero lo más significativo es que debió afrontar el desafecto de muy buena parte del periodismo. Desde el tercer mes de canciller, existió una permanente campaña de desinformación que anunciaba su renuncia, cese, sustitución inminente. Todo fue muy extraño. Primero porque hubo otros ministerios controvertidos –el de Economía en muchos momentos, el de Trabajo– y sin embargo, en los medios de comunicación el tema central siempre fue la cancillería. Hubo un operativo constante contra Reinaldo Gargano de operadores políticos, no sólo de la oposición -que tenía una fuerte discrepancia con su línea política- sino también desde dentro del gobierno, claramente desde el equipo económico y también desde el entorno presidencial, desde donde se deslizaba una permanente campaña de noticias sobre su alejamiento. Y en esto participó parte del periodismo, en un hecho significativo, un poco extraño en Uruguay, porque ya pasaba de errores de fuente a compromiso con un operativo. Se dudaba cuánto de las noticias era información y cuánto era parte de crear hechos políticos.

Hubo antipatías personales hacia el canciller y también la confusión de creer que no tenía línea política porque la línea política que tenía no era grata, no era del gusto o la orientación de muchos periodistas y medios de prensa, o no era del gusto de los dirigentes de la oposición e inclusive de unos cuantos frenteamplistas. Con mucha simpleza se consideró que la fuerte relación del gobierno Vázquez con Venezuela era obra exclusiva de Gargano y se terminaba con él. No se advertía que la invitación a Chávez a un papel protagónico en la asunción del mando de Vázquez y la designación de una persona muy relacionada personalmente con el mandatario venezolano como embajador uruguayo, fueron decisiones tomadas por el presidente electo antes de saberse quién iba a ser el Canciller. Y que la relación con Venezuela cambió no por la salida de Gargano, sino por otros episodios que distanciaron a Vázquez de Chávez. Claramente encabezó en el gobierno una línea fuertemente mercosuriana, latinoamericanista y de distancia respetuosa de los Estados Unidos. Ni jugó a la virulencia antiimperialista ni tampoco a la amistad con el país del Norte. Impuso su parecer, o contribuyó decididamente a ello, en dos temas clave y sucesivos en la relación entre ambos países: la modificación de la forma de arbitraje del Tratado de Protección de Inversiones y el rechazo a la realización de un Tratado de Libre Comercio en el formato peruano, que fue el propuesto por Estados Unidos. En ambos casos, fue el contradictor de la línea opuesta impulsada por Astori.

Su relación con Vázquez fue muy compleja. Es que como número uno del Partido Socialista (en una operación en que aparecen José Díaz, José Korzeniak y algún amigo de los socialistas) fue el inventor de la candidatura de Vázquez a la Intendencia de Montevideo. Y luego fue decisivo en el cambio de poder en el Frente Amplio, cuando a mediados de 1992, en la reunión socialista de la zona de La Paloma, da el sí al planteo de Tabaré Vázquez de aceptar caminar hacia la candidatura presidencial si eso suponía también caminar hacia el liderazgo de la izquierda (planteado todo en el lenguaje sutil e indirecto que le es habitual al oncólogo). Cuando se invierten los roles, cuando Vázquez pasa a ser el número uno, la relación se complejiza, porque sin duda Gargano veía en el líder y presidente un hombre con mucho olfato pero poca experiencia política. Y además Gargano fue un hombre muy hostil a todo lo que semejase manejo cortesano.