28 Abr. 2013

Realbusiness o aislamiento

Oscar A. Bottinelli

El Observador

El comercio exterior y las inversiones son un tema económico o son un tema ideológico. [...] Va de suyo que si Uruguay pretende atenerse a relaciones comerciales y de inversión en base a principios, primero debe definir esos principios.


El comercio exterior y las inversiones son un tema económico o son un tema ideológico. Se debe recibir inversiones y realizar comercio con quienes quieren invertir o comprar en Uruguay o debe estar condicionado al nivel de democracia, de respeto a los derechos humanos, de convivencia con los vecinos, de cuentas pendientes entre países y pueblos. Este es un dilema fundamental, que aparece cuando se ofrecen inversiones o aparecen compradores de productos uruguayos de parte de países que merecen objeciones a algunos o a muchos. La opción es pues entre el Realbusiness (vaya disculpa por el neologismo, como sustitución de Realpolitik)o la política ideológica.

Va de suyo que si Uruguay pretende atenerse a relaciones comerciales y de inversión en base a principios, primero debe definir esos principios. Hay muchos a tener en cuenta. Una posibilidad es tomar cuatro: nivel de democracia, respeto a la vida por el Estado, cuidado del ambiente y nivel de trasparencia (o a la inversa, nivel de corrupción). Para ello es posible tomar cuatro indicadores: Democracy Index de The Eeconomist Intelligence Unit, Corruption Perception Index de Transparency International, Indice de Sustentatibilidad Ambiental – Indice de Prescott Allen y la lista de Naciones Unidas sobre pena de muerte. Se considera que los países con valores aceptables deben corresponder a la categoría de Full Democracy, estar por encima de los 70 puntos en el Indice de Percepción de Corrupción, estar por encima de los 50 puntos en el Indice de Sustentatbilidad y no tener ninguna forma de pena de muerte. Es perfectamente discutible que se tomen estos y no otros indicadores. Pero por ejemplo hay una correlación muy alta entre plena democracia, baja corrupción y respeto a los derechos humanos (se pueden tomar algunos indicadores al respecto y no agregan ni quitan países). También hay una alta correlación entre un alto nivel de desarrollo humano, plena democracia y baja corrupción.

Con este criterio, los buenos alumnos de la clase en democracia plena, sustentabilidad ambiental, baja corrupción, ausencia de pena de muerte y respeto a los derechos humanos son solamente 12 en 193 países que integran las Naciones Unidas y cerca de 200 países y territorios independientes o con pretensión de tales. Los 12 son países europeos o con una impronta fuertemente europea, los White Dominion of Britsh Empire según la conceptualización del historiador Eric Hobsbawn. Los 12 países son: Alemania, Australia, Canadá, Dinamarca, Finlandia, Islandia, Noruega, Nueva Zelanda, Reino Unido, Suecia, Suiza y Uruguay. Es decir, que con un riguroso criterio ideológico o ético, Uruguay solo puede recibir inversiones o realizar comercio con otros 11 países.

Nobleza obliga a flexibilizar el criterio y agregar un par de países que no califican, se encuentran en el borde, en sustentabilidad ambiental: Bélgica y Países Bajos. Van 14 (Uruguay + 13). A flexibilizar un poco más y ponerse menos moralistas, bajar un decil el puntaje admisible en materia de corrupción y entran 5 más: Austria, España, Irlanda, Luxemburgo y Malta. Ya el mundo aceptable pasa a 19 países (Uruguay + 18). Un esfuerzo más, olvidarse del ambiente y la trasparencia, quedarse solo en exigir Democracia Plena y ausencia de Pena de Muerte. Bueno, la lista trepa a 23 países (Uruguay + 22), que representan mucho menos del 10% de la población mundial. Ingresan a la lista Corea del Sur, Costa Rica, Mauritius y República Checa. Y en un último esfuerzo se dice que bueno, que hay que mirar para el costado en la pena de muerte y concentrarse solo en que haya plena democracia con la metodología de The Economist, que dista de ser perfecta y recibe fuertes objeciones académicas, se agrega a los Estados Unidos de América y Japón. Total, con flexibilidad, 25 países (Uruguay + 24). Así se llega al 11.3% de la población mundial.

Parece claro que la tesis de poner exigencias de principios o ideológicas, de valoración humana, ambiental, cívica, ética, conlleva a moverse en un segmento muy reducido del mundo, que con todas las flexibilizaciones posibles no alcanza a 1 persona de cada 8. Y con mucho rigor no alcanza a 1 persona de cada 15. Estas son las cifras, duras y crudas.

Cabe aclarar que otra variable es la conveniencia o inconveniencia de las inversiones o del comercio en función de las condiciones de las mismas, o de otros efectos económicos colaterales,o inclusive políticos. Pero algunos pregonan que Uruguay no debe aceptar inversiones porque se cuestiona el origen de las mismas en cuanto al comportamiento del país en diferentes terrenos, que puede ser su nivel de democracia, o de participación, de de desarrollo humano, o de respeto a la vida, o de respeto al ambiente, o de problemas en el vecindario. Esta es una postura de principios con fuerte raigambre ética, que apela a que el mundo gire en torno a valores y no a intereses.

Lo que queda planteado son varios puntos. Uno es si el mundo gira actualmente en torno a valores o en torno a intereses. Dos, si como parece obvio pero surge de múltiples estudios, en el mundo lo que predomina es el juego de intereses (políticos, estratégicos, comerciales, económicos, financieros), si hay espacio para que haya países o bloques de países que jueguen en torno a valores mientras el resto del mundo gira en torno a intereses. En tercer lugar, si de haber algún espacio para ello, ese espacio lo puede ocupar Uruguay en solitario o Uruguay tiene la capacidad para convocar a formar un espacio de países que se muevan en lo económico en torno a valores éticos y no a intereses. Porque si eso no es posible, el Uruguay debe optar por el Realbusiness, por el más crudo y duro realismo en materia de inversiones y comercio, o puede rechazar el Realbusiness y optar por el aislamiento y la autarquía. Si se considera que el aislamiento y la autoarquía no son posibles, entonces conviene que en la discusión nacional no se use ora el realismo u ora el principismo, según que a cada quien le gusten o disgusten los inversores o compradores.