02 Ago. 2013

Cómo deben posicionarse los partidos cuando la gente comparte la orientación del gobierno y discrepa con la gestión

Oscar A. Bottinelli – Diálogo con Fernando Vilar

Radiocero y Radio Monte Carlo

La gente coincide en forma clara con el rumbo del gobierno, lo que no deja mucho espacio para la confrontación ideológica. La gente en forma abrumadora discrepa con la gestión del gobierno, con la manera en que ejecuta o aterriza las cosas. Parece claro que el Frente Amplio tiene su fuerte en lo programático y la oposición tiene su fuerte en los déficit de gestión.


OAB: Hace dos semanas, el 19 de julio, el sociólogo Eduardo Bottinelli, director de Factum, presentó aquí en Radiocero y Radio Monte Carlo la Encuesta Nacional Factum sobre un tema muy importante para evaluar el gobierno: la opinión de los uruguayos sobre la orientación y la gestión del gobierno. Ocurre que esto es muy mportante para las campañas electorales

Surge un par de datos significativos:

Uno. Los dos tercios de los uruguayos, exactamente el 64% está de acuerdo con la orientación del gobierno, con el rumbo del gobierno, con los objetivos macro del oficialismo. Menos de un tercio, exactamente el 31%, está en desacuerdo.

Dos, cuatro de cada cinco uruguayos (79%) considera que el gobierno está mal gestionado. Tan solo uno de cada seis uruguayos (16%) considera que el gobierno está bien gestionado, todos ellos frenteamplistas. Son dentro del Frente Amplio una clara minoría los que creen que el gobierno está bien gestionado. En este juicio negativo está la mayoría neta de los frenteamplistas, de los indefinidos y de los refractarios, y la casi totalidad de blancos y colorados.

FV: Ese análisis de Eduardo Bottinelli terminaba diciendo: Por lo tanto tenemos un gobierno que para la gente está bastante bien orientado pero mal gestionado. Para la mayoría de la población el problema no parece estar en las ideas sino fuertemente en cómo aterrizar esas ideas en medidas concretas de gobierno.

OAB: Bien, aquí conectamos el resultado de la investigación de la opinión pública con la campaña electoral, o para ser más amplios, con el posicionamiento de los partidos y de los actores en relación a la campaña electoral.

Para el Frente Amplio el camino parece ser bastante sencillo: sus ideas, su orientación, su rumbo, son compartidos por la gran mayoría de la población; su gestión, la ejecución, el aterrizaje, son la gran carencia. Parece que si el Frente Amplio ofrece seguir por el mismo rumbo y hacer un fuerte cambio en sus capacidad de gestión, va por el camino que siente la gran mayoría del país.

Claro que es fácil decirlo y difícil aplicarlo, porque decir que la ejecución no está bien, es una formidable autocrítica, que a su vez puede terminar en un no menos formidable ajuste de cuentas internos. Es claro lo que el Frente Amplio tiene que hacer, pero es riesgoso hacerlo.

FV: ¿Y para la oposición?

OAB: Hay algo muy claro. El discurso de combate ideológico o programático contra el Frente Amplio sin duda es de recibo por la mayoría de los blancos y la mayoría de los colorados; es de recibo para 6 de cada 10 blancos y para 6 de cada 10 colorados. Ahora bien, con eso nadie gana las elecciones, ni siquiera repite el resultado electoral de 2009.

Para que los partidos tradicionales mantengan el electorado de 2009 y ni hablar para crecer y pretender disputar el gobierno, para todo ello necesita convencer a todos los blancos y a todos los colorados, y no solo a los más convencidos; pero además necesita captar a los indecisos, a los dudosos y a los refractarios.

Este discurso de confrontación ideológica es el que entusiasma a los simpatizantes más duros, a los círculos militantes de los partidos y sectores. Este discurso los alienta, los entusiasma. Pero no tiene ningún eco sobre el área de captura electoral, sobre el área donde están los indecisos, los dudosos y los refractarios. En esta árfea piensan que el gobierno tiene buenas ideas. Por tanto, el discurso de confrontación ideológica los aleja.

Pero además crea un problema de mala sintonía con los propios partidarios no duros, más bien blandos, que no integran esos círculos militantes. Porque la mayoría de esa gente de a pie cree que este gobierno está bien rumbeado.

FV: ¿Y entonces por dónde tiene camino la oposición?

OAB: Parece claro que el camino que tiene libre, uno diría que tiene una autopista por delante, es en la formidable disconformidad que existe con la gestión del gobierno, con la ejecución, con el aterrizaje, con la aplicación de medidas.

Tiene una autopista porque no es fácil para el Frente Amplio decir: vamos por buen camino pero no sabemos manejar. Porque eso implica una autocrítica muy profunda. Entonces, para blancos y colorados parece más sabio no ir a la confrontación ideológica y en cambio ir a los problema concretos de gestión, a las fallas en la ejecución, a las dificultades de aterrizaje.

FV: ¿Esto es válido para todos los temas?

OAB: Bueno, hay algunos temas delicados. Hay algunos en que el país viene mal desde hace muchas décadas, como educación o seguridad pública. Entonces no es fácil saber cuánto la oposición le puede endilgar responsabilidad al gobierno y cuánto no. Es un tema a estudiar detenidamente en sí mismo.

Parece más clara la dificultad en seguridad pública que en educación. En la primera mitad del gobierno de Tabaré Vázquez, particularmente cuando José Díaz estuvo al frente del Ministerio del Interior, quedó planteada una confrontación ideológica, una confrontación de orientación entre gobierno y oposición. El gobierno en ese periodo asumió la clásica tesis de izquierda de que la delincuencia es una consecuencia de la injusticia social y, por tanto, solo se corrige la situación con fuertes políticas sociales. La oposición ya planteaba la línea más clasicamente definida como dura, de preeminencia de lo policíaco, sea represión o sea prevención o mezcla de ambas cosas.

El gran cambio que ha habido en este gobierno, está en que el gobierno de Mujica tiene la misma concepción de fondo que la oposición: en lo sustantivo todos apuntan a solucionar la inseguridad pública mediante medidas policíacas. La discrepancia no es medidas policíacas o políticas sociales, la discrepancia está o puede estar más en cuánto de prevención y cuanto de represión, o en cómo se aterrizan las medidas o se ejecutan las políticas, o qué resultados se obtienen. En esencia es una discusión que sale del campo programático o ideológico y entra de ello en el campo de la gestión.

Pero en cuanto a la gestión, el asunto es que la inseguridad pública es un tema dominante en las últimas décadas, una preocupación dominante de la gente que ha atravesado al menos los gobiernos de Lacalle, el segundo de Sanguinetti, el de Batlle, el de Vázquez y ahora el de Mujica. Por lo tanto, no hay monopolio de ningún gobierno ni de ningún partido en el objeto de las críticas. Entonces, en seguridad pública no hay lugar para la confrontación programática y en cuanto a gestión hay insatisfacción con la gestión de los tres grandes partidos, con los gobiernos de los tres grandes partidos. Entonces, es muy delicado cómo abordar el tema para obtener algún rédito, para llegar a la gente indecisa, dudosa o refractaria. No basta con llegar a los partidarios de acero.

FV: En resumen

OAB: La gente coincide en forma clara con el rumbo del gobierno, lo que no deja mucho espacio para la confrontación ideológica. La gente en forma abrumadora discrepa con la gestión del gobierno, con la manera en que ejecuta o aterriza las cosas. Parece claro que el Frente Amplio tiene su fuerte en lo programático y la oposición tiene su fuerte en los déficit de gestión. Lo que no parece es que la oposición tenga éxito en ir a la confrontación ideológica, porque por allí no le llega a la gente que necesita para ganar: indecisos, dudosos, refractarios. Y por su lado, el Frente Amplio debe abordar los déficit de gestión, lo que supone una fuerte autocrítica.