06 Dic. 2013

Las complicadas reglas de juego de las tres etapas para elegir presidente de la República

Oscar A. Bottinelli – Diálogo con Fernando Vilar

Radiocero y Radio Monte Carlo

En Uruguay se produjo un formidable cambio en la competencia electoral con la reforma constitucional de 1996, con espectacular énfasis en la elección del primer titular del Poder Ejecutivo [...] el nuevo sistema, aunque aparente ser más simple, en realidad es tan o más complicado que el anterior. Pero mucho más porque los actores políticos tienen más dificultad que antes para entender las reglas de juego.


OAB: En Uruguay se produjo un formidable cambio en la competencia electoral con la reforma constitucional de 1996, con espectacular énfasis en la elección del primer titular del Poder Ejecutivo, que desde hace casi medio siglo es el presidente de la República. Cabe recordar que previamente lo era un Consejo Nacional de Gobierno de nueve miembros.

El cambio consistió en eliminar la pluralidad de candidaturas de un mismo partido y su sustitución por la candidatura única. Tecnicamente hablando, se eliminó el doble voto simultáneo para el Poder Ejecutivo y se mantuvo para todos los demás cargos electivos.

FV: ¿Y cómo era el sistema antes de 1996?

OAB: Bien, para el Poder Ejecutivo -para lo que conmunmente se denomina el gobierno- el anterior sistema se usó por última vez en las elecciones presidenciales de 1994 y se aplicó por primera vez en las elecciones de Consejo Nacional de 1920. Funcionó entonces para la elección de gobierno durante tres cuartos de siglo. Y el año que viene se van a cumplir 20 años de su última aplicación. Ya van cuatro elecciones todas con el nuevo sistema. Toda persona que hoy tenga menos de 37 años nunca votó con el viejo sistema.

¿En qué consistía ese viejo sistema de Doble Voto Simultáneo? Doble Voto Simultáneo quiere decir que el votante vota en un mismo acto, en un mismo momento, primero por un partido y dentro de ese partido por un candidato, por una fórmula presidencial o una lista de candidatos. Dicho de manera tecnicamente impropia y bastante imprecisa: los votos de los distintos candidatos de un mismo partido se suman.

Por ese sistema resulta elegido el candidato más votado del partido más votado. En la última vez que se usó resultó primero el Partido Colorado, segundo a 20 mil votos de distancia el Partido Nacional y tercero el Frente Amplio, a unos 14 mil votos detrás del segundo.

El Partido Colorado presentó tres candidaturas principales: Julio Ma. Sanguinetti, Jorge Batlle y Jorge Pacheco Areco. El Partido Nacional a Alberto Volonté, Juan Andrés Ramírez y Carlos Julio Pereyra.

Recordemos que en esa elección Ramírez fue el candidato del oficialismo, de Luis Alberto Lacalle. El Frente Amplio registró la candidatura única de Tabaré Vázquez y el Partido del Nuevo Espacio la de Rafael Michelini.

FV: ¿Y cómo era la competencia por el viejo sistema?

OAB: A la vez se hace la competencia de los partidos entre sí y dentro de cada partido los diferentes candidatos. Pero todo a la vez. Como la opción de la gente es toda junta, por partido y por candidato, en cierto modo todos compiten todos contra todos.

Pero ese todos contra todos tiene sus límites, porque si bien hubo una competencia muy pareja entre Volonté y Ramírez, nadie podía destruir al otro porque los votos de ambos se necesitaban mutuamente para que ganase el Partido Nacional.

Visto desde el ángulo de Volonté, por ejemplo: se ve obligado a hacer una campaña para derrotar a Ramírez, pero con la suficiente moderación para no debilitarlo demasiado. A la inversa, Ramírez debió buscar superar a Volonté, pero sin debilitarlo. Porque ambos se necesitaban mutuamente.

Este juego era muy complicado: competir entre aliados, para juntos a su vez competir con los otros partidos. Y sin embargo, pese a lo complicado, su funcionamiento, sus reglas de juego, eran muy bien conocidas por los actores políticos. Casi todos sabían jugar el juego de manera eficiente, con toda la sutileza que implica diferenciarse del rival que es aliado, sin apostar a debilitarlo. 

Y además todos sabían jugar un juego donde se gana en distintas peceras y se pierde hacia diferentes pescadores.

Salvo raras excepciones, esta competencia fortaleció a los dos partidos tradicionales a lo largo de mucho tiempo. Pocas veces los actores no supieron jugar el juego.

FV: ¿Y qué pasó después?

OAB: Pasó que vino un cambio sustancial. Esa doble competencia simultánea fue sustituida por dos o tres competencias sucesivas, en un régimen bastante parecido a un torneo por eliminatorias, donde en cada ronda se van eliminando jugadores, hasta llegar a la final.

El régimen uruguayo de 1996 es más que un sistema de balotaje un sistema de eliminatorias: con cuartos de final, semifinal y final. Los cuartos de final se juegan ahora el 1° de junio, las semifinales se juegan el 26 de octubre (que pueden transformarse directamente en una final, si el ganador gana con más de la mitad del total de votantes) y si no la final final es el 30 de noviembre.

En los cuartos de final, las mal llamadas “elecciones internas”, surge el candidato único de cada partido. El 26 de octubre o surge el presidente (si tiene a su favor más de la mitad de los votantes) o como en toda semifinal quedan solo dos jugadores que van a la final, y en la final, como en toda final, uno gana y otro pierde.

FV: ¿Entonces es más fácil?

OAB: En principio parece que sí. Porque en junio la preocupación principal de un candidato es el otro o los otros candidatos de su mismo partido. Así parece sencillo: se compite adentro y nada más.

Pero no es tan así, por dos razones:

Primero, porque los votos no se extraen de un electorado cerrado. En el Partido Nacional no se compite solo por el voto blanco, sino que se capta votos de todos lados. El reciente desplazamiento de votos de Bordaberry a Lacalle Pou muestra que pese a que se está en un juego de elecciones internas, en esas internas inciden los votos que se trasvasan de un partido a otro.

La segunda razón es que si la elección se pone muy dura, como ocurrió en el Partido Nacional en 1999, el vencedor obtiene una victoria pírrica, gana pero a tal costo que asegura su derrota en la fase siguiente, en las semifinales.

Por las dos razones hay que ser tan cuidadoso como en el viejo sistema.

FV: Entonces sigue siendo fácil porque se aplican las mismas reglas de antes.

OAB: Dicho así es fácil, pero como los propios candidatos no ven el juego en su totalidad como antes, empiezan a actuar como si la competencia fuese solo dentro del mismo partido en forma única y definitiva. Y se traspasan límites y barreras. Y así muchas veces se crean las bases de la derrota siguiente.

Una interna muy dura trae como consecuencia que todos los argumentos en contra del que va a resultar candidato único, todos sus defectos y limitaciones, fueron aireados por sus contrincantes internos. Entonces, cuando comienza la segunda fase, ese candidato ya arranca debilitado, herido, y a veces herido de muerte. Esto es lo realmente complicado del nuevo sistema

FV: ¿Y queda algo más?

OAB: Que la historia no se termina aquí. Especialmente en los partidos tradicionales. Como se vio en 1999, el que sale segundo y va al balotaje necesita de los votos del tercero para ganar. Jorge Batlle ganó en 1999 porque hizo un acuerdo con el Partido Nacional y obtuvo los votos blancos.

Entonces, otra vez cuidado: al menos los partidos tradicionales tienen que competir entre sí, para ver quién gana las semifinales, quién pasa a la final, pero sin destruirse, sin herirse, porque luego uno va a necesitar el apoyo del otro. Más o menos lo mismo le pasa al Frente Amplio, que tiene que cuidar con mano de seda al Partido Independiente, por las dudas que tenga que ir al balotaje y necesite sus votos.

Esto demuestra que el nuevo sistema, aunque aparente ser más simple, en realidad es tan o más complicado que el anterior. Pero mucho más porque los actores políticos tienen más dificultad que antes para entender las reglas de juego.