21 Set. 2014

De campañas, programas y candidatos.

Oscar A. Bottinelli

El Observador

Hace mucho tiempo estaba de moda que algunos analistas se preguntasen si la gente vota por el programa o vota por el candidato, como si fuesen términos excluyentes y antagónicos. Un corriente significativa de la demodoxalogía y en particular de la demopsicología entiende que no existe esa contradicción siempre y cuando se acoten con claridad los términos.


Hace mucho tiempo estaba de moda que algunos analistas se preguntasen si la gente vota por el programa o vota por el candidato, como si fuesen términos excluyentes y antagónicos. Un corriente significativa de la demodoxalogíai y en particular de la demopsicologíaii entiende que no existe esa contradicción siempre y cuando se acoten con claridad los términos. Si por programa se entiende un plan detallado de medidas de gobierno, sin duda hay diferencias significativas, ya que por definición de un plan de medidas de gobierno, si lo es tal, es un conjunto minucioso de medidas concretas (se van a construir tantos quilómetros de carreteras, tantos puentes, la tasa del IVA va a aumentar o a diminuir en tal cantidad de puntos en tal periodo.

En realidad los planes concretos de gobierno no son un elemento significativo a la hora de decisión del voto, salvo cuando esa medida concreta tiene un formidable impacto de concentrar allí una demanda de cambio de la vida de la persona en términos inmediatos y fuertes, a raíz de un aumento de sus ingresos o beneficios o una disminución de sus costos.

Como ejemplo cabe mencionar cuando en las elecciones de 1989 para el gobierno departamental de Montevideo, Tabaré Vázquez propone la rebaja del boleto un 40% (en realidad nunca se concretó, ya que mediante grandes subsidios la rebaja del boleto impactó sobre el boleto común y algunos especiales, pero supuso el incremento del otros boletos especiales; la media de baja del precio del boleto nunca fue mayor a la mitad de lo prometido, al 20%). Otro caso, este sí cumplido, fue la promesa final de Berlusconi, en el último minuto del debate con romano Prodi, en abril de 2006, cuando prometió la abolición de todos los impuestos sobre la casa principal de las personas (la prima casa, en la terminología italiana).

Fuera de casos de este tipo, lo significativo es el programa, concebido más como el conjunto de valores que expone un partido o candidato, y de lineamientos básicos sobre los temas más significativos. Es decir, cuando el programa se mueve más en el plano ideológico. Allí el programa es lo que está escrito y también lo que el candidato expone de manera explícita a través del lenguaje verbal o de manera implícita a través del lenguaje gestual. En uno y otro caso se revelan posicionamientos sociales, culturales, de valores, de posturas ideológicas en el eje derecha-izquierda, en el eje conservador-liberal, en el eje libertad económica-regulación estatal, en el eje autoritario-libertario.

Donde sí existe una diferencia entre el programa escrito y el programa verbal que va construyendo el candidato, es en que el primero es rígido, impreso (todavía) y en lo real o en lo formal aprobado por algún tipo de autoridad (Congreso, Convención o algo similar). El segundo, en cambio, es plástico y se va amoldando a medida que transcurre la campaña electoral.

No necesariamente ello tiene que llevar a la existencia de contradicciones. Si las hay, entonces no es un tema de fondo, no es un tema entre programa y candidato, sino que hay una discrepancia entre el programa formal y el programa real. Entre el que alguien en algún lado elaboró (generalmente de manera colectiva) y el programa que en realidad se va a ejecutar.

En ese sentido pueden observarse discrepancias (por ejemplo en materia educativa) entre lo que dice el programa del Frente Amplio aprobado por su Congreso y el programa que emerge de los anuncios de los candidatos presidencial y vicepresidencial Tabaré Vázquez y Raúl Sendic. En otro orden, también aparecen contradicciones entre las valoraciones en diversos terrenos que han realizado los asesores del candidato nacionalista (Arbeleche, Dubra, Bianchi, Da Silveira) y los dichos del propio candidato Luis Lacalle Pou; al punto que en dos o tres oportunidades tuvo que explícitamente rechazar lo dicho por sus asesores. Esto desconcierta a veces a los votantes, pero mucho más desconcierta a los analistas, que no saben a ciencia cierta a qué atenerse: cuál es el mensaje correcto al que hay que atenerse.

Dicho esto, corresponde pasar a otro tema. El 70% de los uruguayos tienen decidido el voto al día de hoy y más o menos ese porcentaje es el que tiene desde hace varios años decidido el voto en cuanto a grandes áreas políticas.

Sin duda la mayor volatilidad que existe hoy en Uruguay es el deslizamiento que se da entre ambos partidos tradicionales, entre blancos y colorados, sentidos por el grueso de sus seguidores como parte de una misma área política. Esta definición temprana del voto se asocia más con la pertenencia política que con el voto como elemento puntual. La pertenencia quiere decir el sentirse parte de un segmento político, ya fuere una gran área, ya fuere un partido político o ya fuere un segmento partidario. Sentirse como algo permanente, internalizado, inherente a la propia identidad personal. El ser frenteamplista, blanco o colorado y no meramente el adherir al Frente Amplio, al Partido Nacional o al Partido Colorado. Y por supuesto, mucho más fuerte aún que el meramente votar en forma puntual en un acto electoral determinado. Una vez más cabe la advertencia: no necesariamente el sentirse blanco lleva a votar al Partido Nacional y el sentirse colorado lleva a votar al Partido Colorado, sino que en muchos casos lleva a votar al otro partido de ese conjunto binario de partidos tradicionales. Allí sí surge que para un segmento cuantitativamente muy importante de la ciudadanía su opción permanente es por los valores, las ideas y la cultura que representan en conjunto ambas partidos tradicionales, y a partir de esa opción, la elección por uno u otro partido, por el Nacional o por el Colorado, aparece como una opción de segunda grado, como si fuese optar entre sublemas de un mismo lema, entre fracciones de un mismo partido.


i Demodoxalogía (de demos, pueblo y doxa, opinión): disciplina que estudia los elementos sicológicos, sociales y culturales que intervienen en la formación de la opinión pública)

ii Demopsicología: ciencia que estudia la sicología colectiva de un pueblo.