08 Mar. 2015

Entre el cigarrillo y el cannabis

Oscar A. Bottinelli

El Observador

Entre el cigarrillo y la marihuana hay varias cosas en común: ambos son vegetales picados, envueltos en papel, que se prenden fuego en una punta y su humo se aspira. Pero tienen algo más en común: constituyen la primer gran medida de un nuevo presidente para desconocer a su antecesor; y parece que van a tener en común que tanto en 2010 como en 2015, la maniobra de ninguneo camina al fracaso.


Entre el cigarrillo y la marihuana hay varias cosas en común: ambos son vegetales picados, envueltos en papel, que se prenden fuego en una punta y su humo se aspira. Pero tienen algo más en común: constituyen la primer gran medida de un nuevo presidente para desconocer a su antecesor; y parece que van a tener en común que tanto en 2010 como en 2015, la maniobra de ninguneo camina al fracaso1.

Diez días antes de la asunción de José Mujica, la multinacional Philip Morris denuncia a Uruguay ante el CIADI (Centro Internacional de Arreglo de Diferencias sobre Inversiones), entidad del Grupo Banco Mundial. En abril de 2010, el gobierno de José Mujica acepta negociar un acuerdo con la multinacional que cancele la demanda. A mediados de agosto, el ministro de Salud Pública Daniel Olesker anuncia que se emitirá una resolución del Poder Ejecutivo por la que se da marcha atrás en los temas centrales cuestionados por la multinacional (exigencia de un solo modelo de envase por cada marca, interpretación restrictiva del concepto de marca, tamaño de las advertencias en los paquetes de cigarrillos). Todavía no se había firmado el decreto cuando rugió Tabaré Vázquez y obligó a dar marcha atrás in totum. De allí en adelante, el gobierno de José Mujica se transformará en el más duro contendor de la empresa multinacional y hará todos los esfuerzos en defensa de la línea antitabaquismo.

Tabaré Vázquez es un hombre que tiene un conjunto claro de valores y sensibilidades, pero pocos principios políticos rígidos. Es un hombre absolutamente intransigente en dos grandes temas, que se pueden calificar de pre políticos, y sobre los cuales ha tomado posición mucho antes de incursionar en la vida política y más bien relacionados a aspectos de su vida: el aborto y el tabaco, este último como una de las derivaciones de una gran obsesión de su vida, que marcó sus estudios y su vida profesional: el cáncer. La lucha contra el tabaquismo fue el gran sello personal de Vázquez en su gobierno, obra personal con la que se comprometió en cuerpo y alma de manera inflexible. El giro que aparentaba haber en los comienzos de la Administración Mujica lo herían profundamente y significaban el debilitamiento de una línea política de la que se enorgullecía y de la que hizo gala ante el mundo. En los entornos del entonces nuevo gobierno se creyó que la balanza del poder había cambiado: ahora existía un nuevo poder, no quedaba nada del anterior y, dicho en términos cada vez más populares, “Vázquez ya fue”. Sin duda hubo un grave error de diagnóstico, porque no solo ya no había sido, sino todo sugería -como ocurrió- que iba a volver a ser. Más aún, visto desde hoy, en 2010 Vázquez mantenía mucho más poder político que el que tiene hoy (si se exceptúa el poder que deriva del propio ejercicio del cargo)

En los escasos seis primeros días del tercer gobierno frenteamplista se vivió el remake del episodio Philip Morris, en tiempos acelerados. A poco de asumir, desde figuras muy cercanas al propio nuevo primer mandatario, se anuncia sine die la postergación de la venta en farmacias de marihuana de producción privada bajo licencia y control estatal. Con anterioridad a su elección Tabaré Vázquez había manifestado su actitud reticente a la liberalización del consumo y cultivo de la marihuana y en particular a su venta en farmacias, en base a argumentos no demostrados de incremento de la inseguridad (no hay demostración alguna si la venta de marihuana en farmacias aumenta la probabilidad de delitos contra esos comercios ni tampoco hay demostración de que no los aumente; sencillamente no hay estudios rigurosos). Antes de concluir la semana, el anuncio se desdijo y se asumió el compromiso del funcionamiento de la venta en farmacias en el correr de este año. 

Al igual que con el tabaquismo para Vázquez, la liberalización de la marihuana fue el toque final de la labor e imagen de Mujica como el gran liberalizador, o gran libertario. Constituyó el último puntal de su estrellato en el mundo occidental. A diferencia de otras reformas en el plano de valores -como aborto, matrimonio homosexual, adopción de hijos por parejas homosexuales- la marihuana es un tema personal del presidente, de empuje directo suyo. Derribar la venta legal de marihuana equivalía para Mujica lo que arriar banderas ante la multinacional del tabaco para Vázquez.

Otra vez la visión de los entornos presidenciales fueron determinantes. La idea de un poder absoluto de Vázquez, mayor que el que tuvo presidente alguno; todo basado en análisis poco sustentables de magnificación del resultado del balotaje, y de atribuir a la persona de Vázquez todo el potencial electoral del Frente Amplio. Y también la idea de que “Mujica ya fue”. En parte por edad, y en parte por una idea hiperpresidencializada del poder en Uruguay, idea que despuntó muy fuerte en la presidencia Batlle Ibáñez, se acrecentó en la Vázquez I y se mantuvo -debilitada al final- en la presidencia Mujica.

Quizás la diferencia que llevó a que este ninguneo durase tan solo cinco o seis días, y no cuatro meses como hace un lustro, pueda encontrarse en que Vázquez hizo mutis cuando dejó la Presidencia. No solo dejó el cargo, sino que no pasó a liderar grupo político alguno ni a interactuar en la política cotidiana ni en la parlamentaria. En cambio Mujica no solo no hace mutis, sino que redobla su presencia en escena, basado en algo que dijo con todas las letras: 30 de los 65 legisladores del Frente Amplio le responden directamente, como que corresponden al Espacio 609. Y de los restantes 35 una gran parte no responde directamente a Vázquez y pueden ser tironeados con facilidad por Mujica. Y algún mujiquista, por las dudas, levantó el mismo fantasma que rondó al presidente saliente: su antecesor puede llegar a volver.

Dos tipos de cilindro de papel, rellenos de vegetal picado, encendidos y echando humo, simbolizan uno de los más relevantes juegos de poder entre los dos líderes del Frente Amplio, en una lucha que sin duda ofrecerá a lo largo de estos cinco años otros episodios, más fuertes o más débiles, más sonoros o con sordina.


1 En realidad la primera medida de Mujica que desonoce la línea de Vázquez, es el apoyo a la canddiatura de Néstor Kirchner a la Secretaría General de Unasur, que produjo un lacónico comentario del entonces ex presidente: “es una decisión que corresponde al gobierno”