09 Oct. 2015

¿Hay lugar para la oposición, cuando el Frente Amplio juega a la vez de gobierno y oposición?

Oscar A. Bottinelli – diálogo con Fernando Vilar

Radiocero y Radio Monte Carlo

Esa pregunta surge cuando se dice que el Frente Amplio no tiene ante sí una sólida oposición, o que los partidos tradicionales no saben hacer oposición al Frente Amplio. Hubo dos casos en que a pesar de que el oficialismo presentó una profunda división, donde una parte actuó en el gobierno y otra en la oposición, el otro partido no solo no quedó prisionero de la lucha interna oficialista, sino que logró sobreponerse al ruido de esa lucha interna, y hacerse oír más fuerte, y sobretodo construir una alternativa, lograr una esperanza en un sector importante de la ciudadanía y desplazar al partido de gobierno en las siguientes elecciones.


OAB: El título corresponde a una pregunta que surge habitualmente desde la oposición. O más exactamente, esa pregunta surge cuando se dice que el Frente Amplio no tiene ante sí una sólida oposición, o que los partidos tradicionales no saben hacer oposición al Frente Amplio. Es habitual que la respuesta que surge de dirigentes tradicionales sea que el Frente Amplio no deja lugar para que haya una oposición, porque en el mismo Frente se juega al papel de gobierno y al papel de oposición.

El tema da para largos análisis y profundas reflexiones sobre qué quiere decir hacer oposición y cumplir el papel de oposición. En principio se pueden hacer dos definiciones básicas:

Una. Desde el ángulo del funcionamiento del sistema político, hacer oposición es realizar una tarea de contralor de lo que realiza el gobierno y la mayoría parlamentaria

Dos. Desde el ángulo de las actitudes de la sociedad, traducibles en conducta electoral, hacer oposición es presentar una alternativa política ala fuerza política gobernante, es decir, al oficialismo. Lo que tienen en común esas dos definiciones que el papel de la oposición no es oponerse en forma automática y total a todo lo que haga el oficialismo. Ni tampoco buscar un camino que sea diferente al de todos los grupos y de todas las corrientes que componen el oficialismo.

Por eso, para empezar a desbrozar el tema, quizás sea importante ver un poco la historia, qué ejemplos se encuentran en el pasado.

FV: ¿Y qué nos enseña el pasado? ¿Qué ejemplos se encuentran?

OAB: Los escenarios que buscamos son cuando el partido de gobierno se encuentra con un cierto grado de división, y una parte de ese partido de gobierno apoya verdaderamente al gobierno y la otra pare de ese partido se desentiende del gobierno y hasta se opone al mismo. Esto puede ser la situación actual, aunque para ser muy precisos, es una forma un poco exagerada, forzada, caricaturesca, de la situación actual, dado que no puede decirse que una parte del Frente Amplio juegue a la oposición al gobierno, sino que está en una actitud crítica del presidente de la República y del Consejo de Ministros.

Pero no importa entrar a desentrañar exactamente si en el Frente Amplio una parte es gobierno y otra oposición, o una es de lealtad incondicional y la otra tiene una visión crítica. Eso es lo de menos, o es tema para otro tipo de refinamiento analítico.

Lo que importa es suponer que es correcto que hay una parte que juega al apoyo total al gobierno y una parte que juega de manera crítica y hasta puede verse como opositora. Esta arquitectura es la que analizamos hoy

FV: ¿Y qué vemos en ese análisis, particularmente en el análisis histórico?

OAB: Lo que vemos son dos casos muy relevantes. El primero ocurre en el último gobierno de la casi centenaria hegemonía colorada. Como se sabe, durante 93 años el titular del Poder Ejecutivo o la mayoría de ese Poder Ejecutivo correspondió a figuras del Partido Colorado, integrantes del mismo o elegidas por el mismo. Fue pues un siglo de predominio indiscutido del coloradismo.

Esa hegemonía culmina con el periodo de gobierno que surge de las elecciones del 28 de noviembre de 1954 y que transcurre entre el 1° de marzo de 1955 y el 1° de marzo de 1959. Recordemos que en esa época, constitución de 1952, el Uruguay contaba con un Poder Ejecutivo colegiado, es decir, no había un presidente de la República, sino un Consejo Nacional de Gobierno de 9 miembros, 6 correspondientes a la mayoría y 3 a la minoría. Los 6 de la mayoría correspondían todos a la lista más votada del partido más votado. Es decir, el partido más votado era naturalmente el Partido Colorado y la mayoría colorada de la Lista 15 liderada por Luis Batlle Berres.

El Partido Colorado contaba con dos grandes fracciones. Esa Lista 15 de Luis Batlle y la Lista 14 cuyo elemento más emblemático era el diario El Día, y entre las figuras de mayor peso estaban los hijos de José Batlle y Ordóñez, primos de Luis Batlle: los Batlle Pacheco.

Bien, a poco de andar el gobierno, al segundo de los cuatro años que duraban entonces, se produce una brutal ruptura entre la 14 y la 15. Y la Lista 14 desata una feroz campaña contra Luis Batlle y su gobierno. Fue mucho más fuerte que ahora, mucho más duro, altisonante. La lucha dentro del Partido Colorado, dentro del Batllismo, entre los hijos y el sobrino de Batlle y Ordóñez, esa fue la lucha dominante esos años.

Visto desde hoy, a partir de la pregunta que da título a este análisis, se podría decir: el Partido Colorado es al mismo tiempo el gobierno y la oposición, no hay una sola rendija para que se cuele el Partido Nacional. Sin embargo, pese a ello, el Partido Nacional logró hacer su propia oposición o sus propias oposiciones, porque una fue la estrategia de Luis Alberto de Herrera y otra diferente la estrategia de sus adversarios internos que componían la UBD, la Unión Blanca Democrática.

Pero el Partido Nacional no solo no quedó prisionero de la lucha interna colorada, sino que logró sobreponerse al ruido de esa lucha interna, y hacerse oír más fuerte, y sobretodo construir una alternativa, o un par de alternativas, y lograr una esperanza en un sector importante de la ciudadanía. Al final, el resultado fue impresionante, tanto lugar hubo para hacer oposición, como que el Partido Nacional desplaza al Partido Colorado de la titularidad del gobierno al cabo de 93 años, de casi un siglo. Dicho sea de paso, es un caso único en la historia universal en que un partido resiste 93 años y al cabo de ellos, triunfa.

Este es un primer ejemplo histórico de que aunque haya gobierno y oposición dentro del partido de gobierno, hay lugar para la oposición fuera del partido de gobierno y hay tanto lugar como para que esa oposición desplace al gobierno.

FV: Dijiste un primer ejemplo histórico ¿hay algún otro posterior?

OAB: Hay un segundo ejemplo, al revés. El Partido Nacional desplaza al Partido Colorado el 30 de noviembre de 1958 y gobierna bastante unido. Al cabo de cuatro años -recuerdo que las elecciones en ese entonces eran cada cuatros y no cada cinco como ahora- al cabo de cuatro años el Partido Nacional retiene el gobierno, con pérdida de votos, pero con fuerte corrosión interna.

Realiza su segundo periodo de gobierno profundamente dividido. En la titularidad de la mayoría del Consejo Nacional de Gobierno estaba esa UBD que mencionamos antes y una fracción minoritaria del Herrerismo, conocida como Herrerismo Ortodoxo. Fuera del Consejo Nacional de Gobierno, algo menos de la mitad del partido blanco,estaba la mayoría del Herrerismo, conocida como el Eje Herrero-Ruralista. Bien, ahí se dio con la misma virulencia que se había dado en los colorados, un feroz enfrentamiento entre la mayoría y la minoría blanca. Fue tal la división, que a menos de tres meses de asumir, el Herrero-Ruralismo promueve y obtiene en el Senado la censura de los dos ministros clave del gobierno, el ministro de Hacienda (cartera que hoy se llama de Economía), Dr. Salvador Ferrer Serra, y el ministro de Ganadería y Agricultura, Wilson Ferreira Aldunate.

La historia se repite. Pese a esa lucha durísima de gobierno-oposición dentro del Partido Nacional, el Partido Colorado encuentra espacio para hacer su propia oposición, hacerse sentir como la verdadera oposición. Y construye una alternativa detrás de dos figuras: el General Oscar Gestido por un lado y el heredero de Luis Batlle, muerto en esos años, su hijo Jorge Batlle, que con menos de 40 años de edad emerge con gran potencia.

Son entonces dos casos en que el oficialismo puede estar muy dividido, enfrentado, con feroces luchas internas, con gobierno y oposición dentro suyo, pero eso no ahoga a la oposición del otro o de los otros partidos, si esos otros partidos son capaces de encontrar el camino para hacer una verdadera oposición y por encima de todo, construir una alternativa.

Porque no hay oposición que valga si el sector ciudadano que constituye el fiel de la balanza no siente que se presenta ante sí una real alternativa al gobierno presente. Esta es quizás la lección que la actual oposición debería tener en cuenta, y sobre todo tener presente las enseñanzas de una historia no tan lejana.