04 Mar. 2016

Luces y sombras del primer año del segundo gobierno de Tabaré Vázquez

Oscar A. Bottinelli – Diálogo con Fernando Vilar

Radiocero y Radio Monte Carlo

Por primera vez en un gobierno frenteamplista el presidente de la República recoge bajos niveles de aprobación […] hubo un debilitamiento en los primeros seis meses producto en gran medida de un juego de dar fuertes pasos en deshacer cosas impulsadas por Mujica, y luego dar marcha atrás […] Después se ve como toma nota de lo que está pasando y busca un cambio de rumbo […] el giro en la enseñanza y la designación de Edith Moraes [… e] impulsó la ley de capitalización de Ancap y termina su primer año con la remoción del Directorio de Ancap […] y su sustitución por un Directorio técnico, con el explícito mensaje de que hay que hacer las cosas de manera completamente diferente.


OAB: Este martes pasado Tabaré Vázquez cumplió su primer año en su segunda Presidencia de la República, culminó así el sexto año como primer mandatario y finalizó el undécimo año de administración frenteamplista. Este tercer mandato y su primer año es muy peculiar por varias razones:

Una. El Frente Amplio ya se acostumbró al gobierno y no siente que tiene que cuidar la tenencia del gobierno como una pieza de cristal. No se siente en préstamo sino propietario. Del otro lado, los uruguayos se han acostumbrado a ver al Frente Amplio gobernando como un árbol del paisaje. Baste pensar que las personas que empiezan a cumplir los 29 años de edad llegaron a la mayoría de edad con un frenteamplista en la Casa de Gobierno.

Dos. Los diez años anteriores exhibieron a un Frente Amplio relativamente unido, más en el primer mandato que en el segundo, y siempre con una clara mayoría dentro del oficialismo en respaldo del presidente de la República. Ahora, en cambio, las diferencias en el Frente Amplio son importantes y profundas, el nivel de discusión es de algunos decibeles fuertes y no hay una mayoría dentro del oficialismo que otorgue claro respaldo al presidente.

Tres. En los diez años anteriores el Frente Amplio gobernó con viento a favor, con un formidable crecimiento de la economía, que le permitió con comodidad impulsar amplias políticas sociales. Ahora, en cambio, debe navegar con viento en contra. Esto es una novedad para el Frente Amplio, acostumbrado a que siempre se puede más, y es una novedad mayor para la izquierda social, en particular para los sindicatos, que se encuentran desacomodados en una situación económica no tan favorable e inclusive adversa.

Cuatro. Por primera vez en un gobierno frenteamplista el presidente de la República recoge bajos niveles de aprobación. Grosso modo aprueba su gestión un tercio o un poco más de un tercio de los uruguayos. La última medición del Instituto Factum, al cierre de 2015, daba un 36% de aprobación; muy probablemente al culminar este primer trimestre no haya cambios significativos, cambios de escalón. No es un mal nivel de aprobación si se compara con los que obtuvieron presidentes de los partidos tradicionales, pero tanto para Vázquez en su primer periodo como para Mujica en el suyo, hubiera resultado preocupante si aparecía algún punto por debajo de la mitad, por debajo del 50%. Es también un escenario distinto.

FV: ¿Y tu cómo evalúas este primer año del segundo periodo de Vázquez?

OAB: Conviene aclarar una vez más que hay dos formas de evaluar. Una es en cuanto a su orientación, a la política llevada adelante; esa es una evaluación política, donde siempre va a ser buena para quienes piensan de una manera y mala para los que piensan lo contrario. Otra manera es la evaluación analítica o politológica, donde lo que se analiza si jugo bien o jugó mal para sus propios objetivos, sus propios propósitos y sus propios logros.

En este sentido hay que ver en primer lugar la existencia de una gran distancia entre las expectativas que la gente depositó en Tabaré Vázquez y lo que él exhibió apenas comenzó a andar. El problema es que la gente normalmente pone en los candidatos expectativas, deseos, esperanzas que los candidatos nunca manejaron y que a veces entran en el terreno de lo utópico, de lo irreal. Muchos esperaban a un Vázquez con todas las virtudes de Mujica y sin ninguno de sus defecto. Entonces, el choque con la realidad es muy fuerte, porque esas expectativas eran exageradas.

Además el escenario político que armó fue diferente. En el primer gobierno tuvo a todos los líderes o referentes de los sectores frenteamplistas sentados en el Consejo de Ministros: Mujica, Astori, Gargano, Arana, Marina Arismendi que entonces comandaba al Partido Comunista y hoy no lo representa, la trilogía que dirigía la Alianza Progresista (Nin Novoa, Lescano, Rossi) que ya no son conductores sectoriales, con parlamentarios detrás de sí. El único líder entonces fuera del Consejo de Ministros era Rafael Michelini, del Nuevo Espacio. Ahora solo hay dos líderes sectoriales: Astori, más que nada concentrado en la conducción del Equipo Económico, y el vicepresidente Raúl Sendic, muy golpeado como es notorio.

No solo se apoyaba en un Consejo de Ministros políticamente potente sino en un círculo de asesores personales de buen nivel de pensamiento político, del que hoy también carece.

Hay un hecho nada menor, similar al que tuvo Jorge Batlle. A su costado tiene a un ex presidente de la República, en plena actividad política, que controla más de la mitad de la bancada del partido oficialista. En el caso actual, Mujica controla cerca de los dos tercios de los parlamentarios oficialistas. Y en esa realidad, Vázquez optó por formar un gabinete personalista, presidencialista. Esto puede estar bien o mal, pero requiere medir bien los costos, medir bien la propia fuerza y tener conciencia que para gobernar con un gabinete presidencial se requiere un liderazgo extremadamente fuerte, duro, sin concesiones. La forma en que estructuró el gabinete seguramente marca el comienzo de sus dificultades de juego político.

FV: En análisis anteriores tú marcas un gran debilitamiento en los primeros seis meses

OAB: Sí, hubo un debilitamiento en los primeros seis meses -sobre todo al principio- producto en gran medida de un juego de dar fuertes pasos en deshacer cosas impulsadas por Mujica, y luego dar marcha atrás. Primero intentó frenar la liberalización de la marihuana, cambiar el Fondes (el Fondo para el Desarrollo) y parar la construcción del Antel Arena; en todos dio total o parcialmente, marcha atrás. En un segundo empujón intentó hacer saltar por el aire un acuerdo del Frente Amplio con los otros cuatro partidos, incluido Unidad Popular, sobre la designación de la Suprema Corte de Justicia a lo largo de la Legislatura y de los 66 legisladores frenteamplistas lo acompañaron solo cuatro. Después dio un giro de 180 grados en el tratado internacional de liberalización de servicios y finalmente cuando decreto la esencialidad en la enseñanza, una medida extrema, de fuerza, y dio marcha atrás. No hay mayor debilidad que dar marcha atrás cuando se exhibe fuerza.

FV: Dijiste los primeros seis meses ¿y después?

OAB: Después se ve como toma nota de lo que está pasando y busca un cambio de rumbo. Hay al respecto dos grandes hechos. Uno, que señalamos en el último análisis del año pasado [Ver] es el giro en la enseñanza y la designación de Edith Moraes como subsecretaria de Educación y Cultura, con lo que resolvió el conflicto entre el Poder Ejecutivo y el Codicen de ANEP.

El segundo hecho tiene que ver con Ancap. Vázquez aquí se distancia del Frente Amplio y en cierto modo se pliega a la tesis de los diferentes ministros de Economía, de Fernando Lorenzo, Mario Bergara y Danilo Astori, cuando dijeron que Ancap estaba fuera de control. Se distancia del Frente Amplio en cuanto a que, pese a la postura e los tres referentes de la conducción económica de los gobiernos frenteamplistas, en el Senado con muy pocos matices los senadores oficialistas se alinearon en el respaldo a la gestión de Ancap; sustancialmente consideraron más importante exhibir unidad que diferenciar responsabilidades o modos de ver las cosas. Y Vázquez hizo mutis con la polémica parlamentaria, pero impulsó la ley de capitalización de Ancap, que es una forma de reconocer que la cosa andaba mal, y termina su primer año con la remoción del Directorio de Ancap y su sustitución por un Directorio técnico, con el explícito mensaje de que hay que hacer las cosas de manera completamente diferente.

Estas son las luces y las sombras de este primer año