13 Mar. 2016

Un enredo y un marqués

Oscar A. Bottinelli

El Observador

Fuera de toda duda, para ser presidente, vicepresidente, senador, diputado u ocupar cualquier otro cargo electivo no se requiere título universitario […] el tema no anda por ahí. La comedia de enredos tiene lugar no porque fuese necesario el grado universitario, sino porque fue él quien se adjudicó el título y fue él quien generó la duda […] Una actitud más simple, a riesgo de pasar un rato de vergüenza, podía haber sido admitir lo que parece una mentirilla infantil y ensayado alguna explicación de cómo llegó al uso incorrecto de ese título. Cerrar el tema rápido, pedir disculpas, buscar su reposicionamiento por otro lado, y a otra cosa. Ahora parece un poco tarde, máxime cuando el Frente Amplio amplió el enredo y buscó su propio corral de ramas.


El Teatro de la Ciudad de Montevideo estrenó en 1963 la obra “Un enredo y un marqués”, bajo la dirección de Antonio Larreta, actuación de China Zorrilla y música de Jaurés Lamarque Pons. Medio siglo después el teatro político vive una reedicion de la obra, que bien podría titularse “Un enredo y un licenciado”

Raúl Fernando Sendic Rodríguez se define en todos sus currículos como Licenciado en Genética Humana (hay grabaciones al respecto) y firma documentos oficiales como tal. Licenciado quiere decir que culminó una carrera de grado con denominación de licenciatura. En un estado de derecho es un título sobre el cual no puede caber duda alguna si se lo tiene o no se lo tiene, porque su obtención es un acto formal en base a reglas preestablecidas.Hace unos cuantos días declara en un reportaje no ser licenciado. Y ahí comienza la comedia de enredos.

El análisis del tema obliga a enfocar varios ángulos. Fuera de toda duda, para ser presidente, vicepresidente, senador, diputado u ocupar cualquier otro cargo electivo no se requiere título universitario. Además de algunos requisitos como ciudadanía y edad, lo que se requieren son votos. No han sido graduados universitarios formidables personajes políticos, presidentes de la República, presidentes del Consejo Nacional de Gobierno, líderes políticos, como José Batlle y Ordóñez, Tomás Berreta, Luis Batlle Berres, Benito Nardone, Eduardo Víctor Haedo, Daniel Fernández Crespo, Wilson Ferreira Aldunate, José Mujica. Tampoco tienen título de grado dos de los tres anteriores vicepresidentes de la República: Luis Hierro López (profesor de Secundaria) y Rodolfo Nin Novoa (técnico agropecuario). Entonces el tema no está en que no tenga el título. Tampoco ninguno de los tres ministros políticos: Nin Novoa, Bonomi y Fernández Huidobro. Entonces, el tema no anda por ahí; no agrega ni quita nada a la calidad de vicepresidente de la República. Tampoco la calidad de graduado universitario a secas, sin otros méritos, sin destaque académico o profesional, agrega nada a la calidad intelectual, moral o a la inteligencia o la cultura de una persona. Sin duda hace presumir mayor nivel de la media, pero no lo demuestra. Vale recordar el dicho “Lo que Natura non da, Salamanca non presta”.

La comedia de enredos tiene lugar no porque fuese necesario el grado universitario, sino porque fue él quien se adjudicó el título y fue él quien generó la duda. Ante ello, fue para un lado, fue para el otro, no dio ninguna explicación contundente y simple, y más bien optó por lo críptico. Cuando el líder de a mayoría del principal partido opositor le preguntó en sesión del Senado, del cuerpo que preside, cuál era su situación, no contestó ni sí ni no, sino que dijo que en privado le iba a aclarar la situación, a él y a los demás senadores. La explicación al Plenario Nacional del Frente Amplio fue un ni, porque en lugar de despejar la duda, hizo hincapié en que el valor de ese curso corto era haber sido creado de manera personal por Fidel Castro.

El vicepresidente se enredó en su propio lazo. El presidente de la República interpretó los hechos a su manera, luego de darle respaldo institucional y un gran abrazo. En los consejos de ministros de carácter abierto anteriores, el cartel identificador decía “Vicepresidente de la República Lic. Raúl Sendic”; en el de Rivera, se comenta que por orden directa de Tabaré Vázquez, el nuevo cartel decía “Vicepresidente de la República Sr. Raúl Sendic”. El mensaje del Ejecutivo es que para ese poder del Estado carece de título universitario. Eso fue el 7 de marzo. El 8 de marzo presenta un pedido de licencia a la Cámara de Senadores y firma Lic. Raúl Sendic. Es decir, reivindica la calidad de licenciado en el Poder Legislativo y no en el Poder Ejecutivo.

La comedia de enredos continúa, pero basta oír a dirigentes políticos, comunicadores y gente de la calle, seguir las redes sociales, para detectar un gran consenso en considerar que ese título no lo posee. Lo más grave de todo no es el tema del título, es el enredo en que entró, el haberse metido -como dicen en campaña- en corral de ramas. Es obvio que queda mal parado alguien que se arrogase un título o un mérito que no tiene. Pero no es un pecado capital. Tampoco es el primer caso conocido, aunque el de más nivel político e institucional. Los que entienden del tema dicen que hay dos tipos de motivaciones que explican un comportamiento así: una es directamente el fraude o la avivatez, para adquirir derecho o mejorar las perspectivas en la disputa de un cargo o una posición (y no es el caso presente, para nada); la otra es utilizar un título o un mérito para exhibir de su propia persona un mayor contenido o solidez de la que ven los demás. No es una situación edificante, pero no hay una intención de fraude. Claro que el descubrimiento de que las cosas son diferentes, afectan y mucho la consideración sobre la persona que exhibió prendas ajenas.

Una actitud más simple, a riesgo de pasar un rato de vergüenza, podía haber sido admitir lo que parece una mentirilla infantil y ensayado alguna explicación de cómo llegó al uso incorrecto de ese título. Cerrar el tema rápido, pedir disculpas, buscar su reposicionamiento por otro lado, y a otra cosa. Ahora parece un poco tarde, máxime cuando el Frente Amplio amplió el enredo y buscó su propio corral de ramas, al poner la culpa afuera: lo que hay es una conspiración que afecta las instituciones, algo así como una conjura de golpe de Estado. Es una declaración que por la agresividad que contiene denota debilidad, hasta complejo de inferioridad.

Cabe repetir que los operativos casi siempre existen, pero solo funcionan si son creíbles1. En su momento no fue nada creíble el operativo sobre las armas de Feldman con la intención de afectar la disputa del Balotaje Mujica-Lacalle (noviembre 2009). La comedia de enredos no termina ahí, porque en uno de los últimos actos, del lado de la oposición también se tropieza con la rienda, pero esto es materia para otro análisis.

Como toda comedia de enredos, ésta tiene partes hilarantes y partes que no lo son.


1Ver De baguales y barras bravas, El Observador febrero 28 de 2016.