20 Mar. 2016

La oposición en los entes

Oscar A. Bottinelli

El Observador

En los gobiernos ... Lacalle, Sanguinetti bis y Batlle Ibáñez, no hubo representación del Frente Amplio ni del Nuevo Espacio. Es decir, no hubo representación de la oposición. Todos los cargos fueron para el oficialismo […] La confusión estriba en que muchos dirigentes tradicionales consideran que estuvo la mayoría y la minoría, porque estuvieron colorados y blancos, pero nunca el Frente Amplio […] Mujica cambió el curso de la historia reciente del país y volvió a la coparticipación administrativa integral, en el modelo trazado en la constitución de 1952, que fue el modelo prevalente de coparticipación administrativa autónoma en la historia del país. Vázquez bis se sintió constreñido por el precedente Mujica, pero redujo la participación a la mitad, pero igual dio participación Y así se llega a la historia presente con sus cortocircuitos.


Cuando el tema parecía superado en esta administración, reaparece la polémica sobe la presencia de la oposición en los entes1. Para analizar el punto, es necesario un poco de historia. Previamente una advertencia: cuando en el medio político se habla de “entes”, así a secas, se comprende a diversos organismos de naturaleza diferente: entes autónomos, servicios descentralizados, servicios desconcentrados, algunas comisiones honorarias, comisiones binacionales y ultimamente unidades regulatorias; además, de a veces, algunas sociedades de economía mixta y de empresas de derecho privado de propiedad estatal. De forma simplificada se puede decir que la expresión comprende a los organismos y empresas de propiedad total o parcial del Estado, por fuera de la Administración Central, dirigidas por un colegiado.

En las décadas de los años cuarenta y cincuenta del siglo XX no existían reglas políticas claras. Y desde el punto de vista jurídico era muy simple: la designación la hacía el Poder Ejecutivo, o el oficialismo, o a la mayoría gobernante. En los ños treinta y la primera mitad de los cuarenta la totalidad de los cargos fue provisto por el oficialismo. Y aquí cabe hacer una distinción, muy importante a la hora de estudiar lo ocurrido en la posdictadura. Los políticos tradicionales tienden a considerar que hay presencia de gobierno y oposición cuando hay presencia de blancos y colorados, sin analizar si hay de verdad gobierno y oposición, o ambos son partes del oficialismo.

En los treinta y principios de los cuarenta la gran división del sistema político no fue entre colorados y blancos, sino al interior de cada una de las colectividades, entrelazadas. Así el coloradismo se dividió entre batllistas netos de un lado y terristas del otro (riveristas, baldomiristas, blancoacevedistas); el nacionalismo se dividió entre herreristas e independientes. En los entes solo hubo representación del oficialismo, fuese de terristas-herreristas o fuese de batllistas-blanco independientes. A este último acuerdo Luis Alberto de Herrera, con su fenomenal sentido de la publicidad, motejó “el pacto del chinchulín”, porque acusaba que el sentido del pacto era el reparto de los cargos y prebendas de las administración (lo cual fue cierto para ese acuerdo y para el opuesto.

Herrera pergeña un camino en etapas para llegar el poder, con la idea de peldaño a peldaño poner el pie en el Estado: primero en los entes, luego en la minoría del Poder Ejecutivo (para lo cual acepta la idea batllista del colegiado) y finalmente la mayoría que alcanza en 1958. En esta estrategia, logra consagrar en la Constitución de 1952 que los directorios de todos los entes se integren con 5 miembros: 3 de la mayoría y 2 de la minoría.

En los cincuenta Uruguay vive el zenit de los años de oro y el comienzo acelerado del declive. El Estado se transforma en el gran proveedor de empleo y así toda designación de funcionarios, toda adjudicación de jubilación o pensión, y toda adjudicación de teléfono, se hace por la sagrada regla de 3 para la mayoría y 2 para la minoría. En medio del descrédito de los elencos políticos, la ausencia de claridad sobre las causas de la caída del país, la idea que era exclusiva o primordialmente una mezcla de incapacidad de gobierno y corrupción de los políticos (o de politiquería), viene una embestida que hace caer el colegiado (se restablece la figura del presidente de la República) y de paso hace caer el desprestigiado 3 y 2. La Constitución de 1967 establece la regla -todavía vigente- que los directores son designados por el Poder Ejecutivo previa del Senado otorgada por 18 votos en una primera instancia y, de no otorgarse en el plazo de 60 días, bastan 16 votos. En buen romance, si el gobierno está dispuesto a esperar, todas las designaciones se hacen con apoyo nada más que del oficialismo.

La Constitución se estrena con Gestido que nombra todos colorados y 10 nacionalistas a título personal, casi todas personas de perfil conservador que luego apoyarán el pachequismo y muchas de ellas -no todas- el golpe de Estado. No hay participación de la oposición. Conviene saltear tanto el periodo Pacheco como el constitucional de Bordaberry, porque se sale de los juegos normales de la poliarquía, y continuar el examen desde la restauración democrática.

En el primer gobierno Sanguinetti en los entes estuvo todo el sistema político, porque rigió la Concertación Nacional, macro acuerdo basado en la necesidad de hacer una transición sólida desde la dictadura al retorno democrático. Pero, y este dato no es menor, de unos 40 cargos que correspondieron a la oposición, fueron 34 para el Partido Nacional y 6 para el Frente Amplio. La proporción de votos fue de 35% a 21%, de donde en cuarenta cargos hubieren correspondido 25 al Partido Nacional (no 34) y 5 al Frente Amplio (no 6). Hubo una representación de todo el sistema político, pero una fenomenal subrepresentacion del Frente Amplio.

En los gobiernos siguientes, Lacalle, Sanguinetti bis y Batlle Ibáñez, no hubo representación del Frente Amplio ni del Nuevo Espacio. Es decir, no hubo representación de la oposición. Todos los cargos fueron para el oficialismo. Porque oficialismo fue en el gobierno de la Lacalle una coalición laxa del Partido Nacional con todo el Partido Colorado, denominada “Coincidencia Nacional”(el Foro Batllista de Sanguinetti se retira del gobierno al segundo año, pero continua siendo parte de la mayoría legislativa). En el gobierno Sanguinetti bis una una explícita coalición de todos el Partido Colorado y todo el Partido Nacional durante todo el periodo. Y en el gobierno Batlle Ibáñez hubo una coalición explícita de ambos partidos tradicionales; el Partido Nacional abandona el gobierno el tercer año, pero continúa otorgando soporte legislativo.

La oposición no estuvo presente en los entes en esos tres gobiernos, en los tres que preceden al acceso del Frente Amplio al gobierno. La confusión estriba en que muchos dirigentes tradicionales consideran que estuvo la mayoría y la minoría, porque estuvieron colorados y blancos, pero nunca el Frente Amplio, que además en el gobierno Batlle Ibáñez fue el primer partido, fue la mayoría relativa. Hay una cierta idea de creer que el oficialismo es el partido del presidente y los demás son oposición, cuando algunos de esos otros partidos integran el gobierno. Si integran el gobierno no son oposición, son gobierno son oficialismo. Eso es sí de claro en cualquier parte del mundo, más aún en regímenes parlamentarios y semiparlamentarios, como el caso uruguayo.

¿Qué pasó en las tres administraciones del Frente Amplio? Vázquez ofreció participación. Se llegó a un pleno acuerdo con el Partido Nacional pero no con el Partido Colorado ¿Motivo? Que Vázquez no aceptaba dos directores opositores en el Condicen y por ello excluía al Partido Colorado, para el cual ese cargo era lo que único que interesaba: vigilar la educación pública. Luego el oficialismo rompe el acuerdo con los blancos al aumentar a 4 la cuota frenteamplista en el Banco República y reducir a 1 la del Partido Nacional, lo que lleva a este partido; y ahí se termina todo. Y no hubo representación de la oposición. Todas las señales de Vázquez fueron en el sentido de que se sintió forzado a dar una visión de amplitud, pero que en su fuero interno no le placía (como no le place hoy) que la oposición integre los entes. Pero si bien ofreció cargos, hizo un acuerdo y fue responsable de la ruptura, allí estuvo su responsabilidad, pero tenía todo el derecho a responder con la misma moneda y no dar participación a blancos y colorados, así como éstos no se la dieron al Frente Amplio.

Mujica cambió el curso de la historia reciente del país y volvió a la coparticipación administrativa integral, en el modelo trazado en la constitución de 1952, que fue el modelo prevalente de coparticipación administrativa autónoma en la historia del país. Vázquez bis se sintió constreñido por el precedente Mujica, pero redujo la participación a la mitad, pero igual dio participación Y así se llega a la historia presente con sus cortocircuitos.


1Primera de dos notas sobre la dirección de los entes autónomos