14 Ago. 2016

El partido oficialista y el gobierno

Oscar A. Bottinelli1

El Observador

La relación entre el partido oficialista y el gobierno es un tema de difícil resolución en las democracias de partidos institucionalizados […] En las democracias que se institucionalizan a partir del último tercio del siglo XIX el modelo dominante es el partidocentrismo: es el partido quien manada al gobierno […] La cosa se complica cuando hay un titular del poder con características mayestáticas (básicamente un presidente de la República que sea además de jefe de Estado, jefe de Gobierno). Es decir, la complicación afecta esencialmente a los regímenes presidenciales, pero también a algunos sistemas semiparlamentarios como el uruguayo, en que especialmente bajo los gobiernos frenteamplistas se potenció la figura del presidente de la República.


La relación entre el partido oficialista y el gobierno2 es un tema de difícil resolución en las democracias de partidos institucionalizados, ya fueren democracia plenas o democracias semiplenas. Un primer punto es cuál es la concepción ideológica del partido de la cual devendrá su concepción sobre el papel del partido, el papel del gobierno y la autonomía o dependencia del gobierno en relación al partido. En las democracias que se institucionalizan a partir del último tercio del siglo XIX el modelo dominante es el partidocentrismo: es el partido quien manada al gobierno. Esta concepción parte originalmente de los partidos socialistas y socialdemócratas, pero luego se extiende a los partidos socialcritianos, con diferencia de mecánica y de fundamentación teórica. A los efectos del análisis del tema, no es del todo relevante que entre el último tercio del siglo XIX y el primero del siglo XX se esté en presencia de democracias limitadas y a lo sumo semiplenas.

Esta concepción de que el poder nace del partido se correlaciona con que el poder del partido nace de sus bases y sus bases son el conjunto de afiliados. La teoría del poder desde el partido requiere ámbitos en los cuales se puede expresar a cabalidad y ámbitos en los cuales los obstáculos son elevados y casi dirimentes. El primer elemento ambiental para que no haya disociación entre el partido y el gobierno, es que el jefe de Gobierno (o jefe de Estado con simultaneidad de jefatura de Gobierno) funja simultáneamente como líder efectivo del partido, ya fuere de manera fáctica o de jure. Más o menos es la tradición de los partidos de Europa Occidental, en marcados en sistemas parlamentarios o semiparlamentarios. Cuando la conducción del partido no coincidió con la conducción del gobierno o la candidatura presidencial, a la corta o a la larga hay un cortocircuito, como en los casos de: Partido Social Demócrata de Alemania (gobierno Gerhard Schröder, partido Oskar Lafontaine; se saldó con la renuncia y abandono del partido por Lafontaine); Partido Socialista Obrero Español de España (candidatura la gobierno Jospe Borrel, partido Manuel Almunia; se saldó en favor del partido). En cambio sobran los casos en que el jefe de Gobierno es el jefe del Partido y no hay dicotomía.

La cosa se complica cuando hay un titular del poder con características mayestáticas (básicamente un presidente de la República que sea además de jefe de Estado, jefe de Gobierno). Es decir, la complicación afecta esencialmente a los regímenes presidenciales, pero también a algunos sistemas semiparlamentarios como el uruguayo, en que especialmente bajo los gobiernos frenteamplistas se potenció la figura del presidente de la República.

¿Cuál es la experiencia en Uruguay de la relación entre el partido oficialista y el gobierno? Ante todo, el análisis tiene sentido a partir de la existencia de mínimas características de democracia más o menos limitada o más o menos semiplena, con partidos institucionalizados. En este país esas características se dan en los comienzo del siglo XX, a partir del fin de las guerras civiles y con mayor propiedad en el eje de la Constitución de 1918 (1916-1918). El caso más longevo es el del Partido Colorado. Cabe sin embargo aclarar que el Partido Colorado careció de autoridades políticas desde el comienzo de la poliarquía hasta las elecciones nacionales internas de 1982 (lo que sí tuvo una estructura sólida y funcional durante algunas décadas lo fue el Partido Colorado “Batllismo")

Aquí se observan seis modelos (con alternancia entre algunos de ellos).

Uno. Desde el origen de la poliarquía hasta el fin del primer colegiado (1916-18 a 1933). Allí se dieron las circunstancias de un Partido Colorado Batllista (PCB)muy bien organizado sin la existencia de una figura mayestática (aunque tras la muerte de Batlle y Ordóñez, el presidente de la República Gabriel Terra comienza a fungir como figura mayestática.

Dos. El periodo de poliarquía limitada (1933-1942), de escaso funcionamiento del partido oficialista (el coloradismo terrista)

Tres. El periodo de restauración de la poliarquía plena con presidente de la República de bajo perfil político (1943-1947). El PCB manda al gobierno.

Cuatro. El periodo de consolidación de la poliarquía plena con presidencia mayestática (Luis Batlle, 1947-51) en que se nota un fuerte debilitamiento del partido, que prácticamente deja de funcionar a mediados de la décadas del cincuenta.

Cinco. El tiempo más normal, en que el partido esencialmente son las organizaciones que agrupan a los gobernantes y legisladores y donde el partido opera más

como la articulación de fracciones (1951-73 y 1985-hoy)

Seis. El tiempo excepcional de pleno funcionamiento de todo el Partido Colorado en una estructura amplia, producto de las elecciones nacionales internas de 1982.

En el nivel cronológicamente dominante, el quinto, cabe diferenciar cuando las autoridades partidarias tienden a ser meramente administrativas o cuando -independientemente de las funciones reales- están simbolizadas en la cabeza del partido por una figura de primer nivel: Enrique Tarigo (1985-89), José Luis Batlle (1989-95 y 2000-2005), Hugo Fernández Faingold (1995-2000), Julio Ma. Sanguinetti (2005-2010, además de en el cuarto modelo, 1983-1985) y Pedro Bordaberry (2010-2011).

Corresponde observar algunas características importantes del manejo colorado como partido oficialista. Porque:

Uno. El partido funcionó como tal y mandó al gobierno, conducido por el máximo líder partidario (primer modelo)

Dos. El partido funcionó como organización de miembros del gobierno y legisladores, y como articulación de fracciones, con un peso singular del presidente de la República o del Consejo Nacional de Gobierno (Andrés Martínez Trueba, 1951-55) o del líder político mayoritario (Luis Batlle, 1955-59).

Tres. El partido funcionó articulado en torno al presidente de la República y con un número dos del presidente como referente del partido (1985-90, 1995-2005)


1 Catedrático de Sistema Electoral de la Universidad de la República (Facultad de Ciencias Sociales, Instituto de Ciencia Política)

2 Primera nota de una serie de tres sobre El partido oficialista y el gobierno, dedicada al Partido Colorado. Próximas dos notas: Partido Nacional y Frente Amplio.