16 Dic. 2017

La rotación de los vientos

Oscar A. Bottinelli

El Observador

El 48% cree que el próximo presidente será del Frente Amplio o de izquierda y el 36% cree que va a ser del Partido Nacional, más otro 3% que cree que va a ser “Opositor”, lo cual totaliza 36% […] La diferencia de percepciones arrojaba a mediados de año una leve ventaja de 4 puntos para el Frente Amplio sobre el Partido Nacional y esa diferencia se amplía ahora a 12 puntos


Hay indicios de mejoramiento del Frente Amplio y estancamiento opositor

El proceso político democrático del Uruguay marca en el último siglo tres grandes etapas, es decir, desde la instauración del Estado moderno, que más o menos coincide con la Constitución de 1918 y con el establecimiento de una poliarquía, que fue plena la mayor parte del tiempo, semiplena en casi una década (y en medio de esos procesos, algo más de una década de interrupción militar). Así es que se vivió hasta las elecciones de 1971 el predominio de un bipartidismo de origen fundacional, colorado-blanco; desde entonces y hasta 2004, el persistente y constante ascenso de una izquierda/centro izquierda desafiante y en paralelo la caída sistemática e ininterrumpida de los partidos tradicionales; y a partir de allí el leve debilitamiento del Frente Amplio, la conformación de un nuevo bipartidismo (Frente Amplio-Partido Nacional) y el crecimiento de las otras opciones (Partido Independiente, Unidad Popular, voto en blanco/anulado).

Las últimas elecciones nacionales, en octubre de 2014, arrojan un 47,8% para el Frente Amplio, 43,8% para ambos partidos tradicionales en conjunto, un 5,1% para los partidos que flanquean al Frente Amplio hacia izquierda y hacia el centro (Unidad Popular, Partido de los Trabajadores, Partido Ecologista Radical Intransigente, Partido Independiente) y finalmente un 3,3% de voto en blanco y anulado. Presentado en dos variables de agrupamiento, de dichas elecciones surge un área de Frente Amplio y alrededores del 52,9%; y también surge un área de oposición del centro a la derecha del orden del 48,9% (en ambos conjuntos está incluido el Partido Independiente).

Así se arriba a este periodo interelectoral. En base a los estudios de la Encuesta Nacional Factum, lo más impactante que se registra es una extraordinaria caída del Frente Amplio de 19 puntos porcentuales respecto al último resultado electoral nacional, por primera vez en su historia; y además, aunque solo en una oportunidad (al cierre del segundo trimestre de 2017), la pérdida del primer lugar, lo que no sucedía desde alrededor de dos décadas. Otro dato paralelo es el gran fortalecimiento del Partido Nacional, que llegó a alcanzar hasta dos puntos por encima de las elección anterior y en una oportunidad superar al Frente Amplio. Un tercer tipo de dato es el fortalecimiento de las alternativas no tradicionales, como el Partido Independiente y de Unidad Popular.

Sin embargo, hay una serie de indicios que marcan un cambio en los vientos. El más significativo es que el Frente Amplio sale de la banda de flotación del 29% al 31% en que osciló desde el primer trimestre de 2016 hasta el segundo de 2017, y alcanza en intención declarada de voto el 33%. Pero a ello hay que agregar que un análisis detenido del conjunto de la encuesta revela la existencia de un voto no explícito hacia el Frente Amplio. Corresponde aclarar que no es un voto deliberadamente oculto, sino el voto de un conjunto de personas enojadas, desilusionadas o descreídas con el Frente Amplio, pero que en forma indirecta dan señales muy fuertes de que en el momento de ser llamados a las urnas, su voto va para el Frente Amplio. Ese voto no explícito pude estimarse entre 5 y 8 puntos porcentuales, lo que arroja una estimación de voto presente de entre 38% y el 41%. Ninguna otra opción registra con esa claridad ese voto no explícito. Por otra parte, el Partido Nacional no retiene el 33% alcanzado a mitad de año y retrocede al 31%, en el mismo nivel de la elección pasada.

Hay un dato adicional que confirma la rotación de los vientos, o al menos un movimiento de vientos cambiantes ¿Que percepción tienen los uruguayos respecto a de qué partido político será el próximo presidente? El 46% cree que el próximo presidente será del Frente Amplio y otro 2% dice que de izquierda, lo que totaliza un 48%. A su vez, el 33% cree que va a ser del Partido Nacional, más otro 3% que cree que va a ser “Opositor”, lo cual totaliza 36%. A mediados de año, la creencia en el triunfo presidencial frenteamplista o de izquierda totalizaba 45% y la de triunfo presidencial nacionalista o de un “Opositor” acumulaba 41%. Hay pues un incremento de 3 puntos hacia el Frente Amplio y un descenso de 5 puntos hacia el Partido Nacional. En total, la diferencia de percepciones arrojaba a mediados de año una leve ventaja de 4 puntos para el Frente Amplio sobre el Partido Nacional y esa diferencia se amplía ahora a 12 puntos. Hay un cambio fuerte en las percepciones de la sociedad.

¿Qué ha pasado? Una primera línea explicativa, yendo a lo más grueso, puede denominarse el “Efecto Post Sendic”. Para los analistas políticos (incluido este autor) el Frente Amplio resolvió mal el Caso Sendic, fundamentalmente porque su Plenario Nacional no tomó ninguna medida en su contra ni avaló explicitamente a su Tribunal de Conducta Política (TCP). Para la gente la lectura fue más gruesa: se conoce el dictamen del Frente Amplio lapidario contra Sendic (el dictamen del TCP es visto como dictamen del FA) y en cinco días Sendic cae de la vicepresidencia de la República. El TCP es la cara que salva al Frente Amplio y con la caída de Sendic caen muchas culpas y errores de muchos. Hay un (relativo) lavado de cara. Quizás también ayuda la existencia de una percepción de alivio económico, de disipación de los nubarrones (aunque no para las víctimas de los puestos de trabajo perdidos). La contracara es que hay un estancamiento de la oposición y en particular un enredo en que cae en el Partido Nacional, especialmente por el manejo (aun inconcluso) del Caso Bascou.

Cabe observar que el Frente Amplio inició cada uno de los dos años calendario de este periodo de gobierno con pérdida de oxígeno: en 2016 por el estallido del tema Ancap, en 2017 por lo que ya queda globalizado en el Caso Sendic. Si así fue en esos dos años, el 2018 lo va a iniciar con una fuerte inyección de oxígeno. A la inversa, la oposición inició esos dos años in crescendo; en cambio, va a iniciar el 2018 en una situación que va entre el estancamiento y el retroceso.