25 Ago. 2018

Entre no sabe y Schweigespirale

Oscar A. Bottinelli

El Observador

Es muy necesario explorar cuándo y hasta dónde son verdaderamente indecisos y cuándo son personas que no determinan su preferencia en el momento presente en función de la metodología empleada, o cuándo ocultan el voto; no comparar lo que no es comparable, buscar información complementaria y bucear en las profundidades. Y por encima de todo, no aferrarse a los datos que más conviene a cada quien. No se pueden trazar estrategias sobre la base de información superficial o incompleta


Es necesario tener mucha prudencia al manejar el nivel de “indecisos”

Los llamados indecisos en el voto ¿qué son, cuántos son, qué representan, cómo se distribuyen a posteriori?1 Cabe reiterar que la forma de preguntar y especialmente la forma de recabar las respuestas incide fuertemente sobre el porcentaje total de alternativas residuales, que en general tiende a llamárselos con bastante imprecisión “los indecisos”. Es que como opciones diferentes a la mención de un partido político se puede obtener: voto en blanco, voto anulado, no voto a ninguno, no sabe, no contesta. Corresponde ver cada caso. La mención de voto en blanco y de voto anulado (o voto en blanco/anulado) no necesariamente implica una predisposición cierta del voto en ese sentido, sino que muchas veces -a veces la mayoría- esconde un nivel de insatisfacción con las opciones políticas (partidos, candidatos), y en especial una insatisfacción con el partido de su pertenencia, preferencia o voto anterior. En esta versión, es asimilable a la expresión “voto a ninguno”. La suma de estas categorías (en blanco, anulado, ninguno) viene adquiriendo en los últimos periodos interlectorales niveles significativamente altos en relación al voto en blanco/anulado que luego se emite en las siguientes elecciones.

En los dos periodos interelectorales anteriores -en el apogeo de dichos periodos- se registra una media del entorno del 12-13%; sin embargo, el voto efectivamente emitido en blanco y anulado se mueve desde 1989 alrededor del 3%. En las dos últimas elecciones pasó del 2,8% al 3,3%. Por tanto, lo observado en el apogeo interlectoral duplica, triplica y hasta cuadruplica el voto real. Otra precaución es que en muchas oportunidades el voto en blanco o anulado que se declara como emitido en la elección anterior es claramente superior al efectivamente registrado, lo cual evidencia un ocultamiento del voto emitido.

Un caso diferente es la Schweigespirale, la espiral del silencio, término acuñado por Elisabeth Noelle-Neumann en 1977. A efectos de este análisis lo importante a describir es la actitud de silencio que asume el sector de la población que sostiene posiciones diferentes a su contexto social o a la opinión dominante que emerge en los medios públicos. Esto conduce en término de encuestas al no contesta y a formas de otras opciones residuales (no sabe, en blanco/anulado), es decir, a lo que se puede denominar voto silencioso o voto oculto. En Uruguay este voto históricamente se relacionó con el Partido Colorado y expresa la constante subrepresentación del voto colorado en las encuestas hasta 1999. Hay muchos elementos que sugieren que a partir de 2009, y con más fuera en 2014 y en el actual periodo interelectoral, ese voto oculto conlleva a una subrepresentación de la declaración de voto al Frente Amplio, que aparece como opinión discrepante con el escenario dominante que emerge en los medios públicos.

Luego se tiene el “no sabe” propiamente dicho. Muchas veces el concepto de “indeciso” se utiliza solo para esta categoría, se utiliza para la acumulación del “no sabe” y el “no contesta”, o se añade el “ninguno”, o el “voto en blanco” o el “anulado”. Antes que nada, indeciso quiere decir “perplejo, irresoluto, que tiene dificultad para decidirse”; de donde, solo alguien puede estar indeciso si tiene que decidirse. Por tanto, el término solo es correcto si se refiere a qué votaría o tiene decidido votar en determinadas elecciones, por ejemplo, en las elecciones nacionales de 2019. Allí sí, si no lo tiene decidido, es un indeciso. Pero si lo que se explora es su conducta en un escenario imaginario de elecciones hoy, o el próximo domingo, no puede ser indeciso, porque no está ni perplejo, ni irresoluto, ni tiene dificultad para decidirse ante un escenario que no existe y que por no existir, no le exige tener que decidirse. Conviene siempre tener precisión en el empleo del lenguaje, porque es la única forma de que lo que se dice y se recibe coincidan.

Entonces, para un escenario imaginario el próximo domingo hay personas que no definen una respuesta afirmativa a la posibilidad de ese escenario -ya fuere que digan que no saben, como que votarían opciones residuales- o que ocultan su pensamiento, es decir, entran en la espiral del silencio. No son “indecisos”, son personas indefinidas o con opción indeterminada.

Pero además, toda encuesta se realiza no con una sola pregunta sino con varias decenas. Entones se observa que con el estudio de otro tipo de preguntas o repreguntas, un segmento importante de esos indefinidos o indeterminados avanzan predisposiciones, con lo que su porcentaje baja más aún de lo presentado. Como resumen, un nivel de “indecisos” del 35% o aun del 25% obtenidos mediante preguntas abiertas, apenas se afine la metodología y se pregunte con opciones explícitas, baja al 12-13% (o en algún caso, al 17%). Pero ese 12-13%, si se toman en cuentas otras preguntas y se examina la coherencia del respondente, permite incrementar el porcentaje de personas con predisposición hacia algún partido determinado, por lo que el real porcentaje de indefinidos o indeterminados puede bajar inclusive al 9-10%. Y ello sin calcular el voto silencioso profundo, que permitiría obtener estimaciones analíticas mayores.

Entonces, es necesario tener mucha prudencia al manejar el nivel de “indecisos”. Es muy necesario explorar cuándo y hasta dónde son verdaderamente indecisos y cuándo son personas que no determinan su preferencia en el momento presente en función de la metodología empleada, o cuándo ocultan el voto (y cuántos son estos); no comparar lo que no es comparable, buscar información complementaria y bucear en las profundidades. Y por encima de todo, no aferrarse a los datos que más conviene a cada quien. No se pueden trazar estrategias sobre la base de información superficial o incompleta.


1 Última de tres notas. Ver Cuánto importan los candidatos y Ah! Les sondages! Les indécis!, El Observador, agosto 11 y 18 de 2018.