24 Jul. 2011

Ence y Aratirí: caminos opuestos

Oscar A. Bottinelli

El Observador

La empresa española Ence impulsó una eficiente labor en el manejo estratégico político y social [...] desarrolló una amplia red de contactos con todos los sectores políticos y con el movimiento sindical, con la finalidad de explicar los proyectos y presentar los impactos posibles [...] Nada de esa estrategia ha sido llevada adelante por Aratirí. Actuó, como lo han hecho muchos grandes inversores, con la idea de que el país les debe agradecer que se fijen en él, que llegan a un país sin importancia y que no deben explicaciones a nadie


Ha estallado una fuerte polémica política y social en torno a la compleja inversión de Aratirí, compuesta por una explotación minera a cielo abierto, un mineroducto y un puerto especializado en medio de una de las más importantes áreas turísticas. Se ha comparado la importancia de la inversión con la de Botnia (hoy UPM), la inversión privada más importante que entonces recibió Uruguay y que se considera cambió la perspectiva del país como objeto de radicación de inversiones. Para analizar la actual controversia con el proceso anterior, es necesario referirse a la totalidad del proceso del proyecto de instalación de una planta celulósica, porque Botnia encontró el camino pavimentada por una paciente labor desarrollada por Ence. Entonces, conviene comparar la fuerte polémica en el caso Aratirí con la consensualidad al interior del país obtenida por los proyectos celulósicos.

Una década atrás, la palabra celulosa era sinónimo de la más terrible de las contaminaciones, asociada a su vez a una campaña muy fuerte en esta parte del mundo contra el desarrollo de la forestación. La empresa española Ence tomó cuenta de la existencia del fenómeno e impulsó una eficiente labor en el manejo estratégico político y social, a partir de lo cual desarrolló diversos diagnósticos de la percepción sobre el tema celulósico y forestal en la sociedad uruguaya en general, y del área de impacto directo del emprendimiento industrial en particular: Fray Bentos y Nuevo Berlín, por extensión Young, Menafra, San Javier, Mercedes, o más extendidamente aún los departamentos de Río Negro y Soriano. En dichas zonas impulsó una fuerte acción social hacia el tejido de la sociedad civil local, a la par de crear una reserva natural de fauna.

Pero lo más importante es que desarrolló una amplia red de contactos con todos los sectores políticos y con el movimiento sindical, con la finalidad de explicar los proyectos y presentar los impactos posibles. Realizó seminarios con participación de técnicos e investigadores de la Universidad de la República. Llevó a visitar las plantas españolas a políticos de todos los partidos, algunos de los cuales concurrieron acompañados de calificados técnicos. Sin gran estruendo, también desarrolló una campaña a la opinión pública de esclarecimiento del proyecto y sus consecuencias.

El resultado de todo ello es que el proyecto celulósico alcanzó un elevado consenso en el país (que no es unanimidad, pues mantuvieron su férrea resistencia un conjunto de ONGs ambientalistas y un pequeño segmento político). Botnia cuando llegó encontró esa labor y esos efectos políticos y sociales; no tuvo que hacer nada y no hizo nada; por el contrario, llevó adelante una política de absoluta frialdad con la sociedad civil de la zona y de total distanciamiento del mundo político y parapolítico. No tuvo costo alguno, porque el camino ya estaba pavimentado. Sin duda terminó contribuyendo y mucho a ese consenso la guerra desatada desde Argentina, por el gobierno argentino de Kirchner, el gobierno de la provincia de Entre Ríos y la gente de Gualeguaychú. Pero ese consenso fue posible porque estaban sentadas las bases para ello.

El final de la historia del proyecto Ence no es nada feliz: a comienzos de 2006 viene el cambio de propiedad de la empresa española, cuyo control queda en manos muy diversas y con diferente concepción de los negocios y las inversiones. La empresa además privilegia sus intereses en Argentina antes que las inversiones en Uruguay. Y el gobierno español (con Rodríguez Zapatero y el canciller Moratinos al frente) se decanta claramente a favor de Argentina y en contra de Uruguay. Quedan las imágenes, en medio del comienzo del corte de los puentes, de Zapatero y Kirchner con vestimenta informal y vasos de whisky en la mano, viendo juntos el partido de Argentina en el mundial de 2006; el destrato diplomático de Moratinos a Tabaré Vázquez y al canciller uruguayo; el faux pas del rey de España en su fallida mediación (quizás el paso en falso más importante en todo su reinado). Y finalmente, el retiro de la inversión de Ence. Como paréntesis: a Moratinos no le ha costado nada sus desaires a Uruguay, ya que el actual gobierno va a votarlo para un importante cargo internacional.

Lo que se observa es que nada de esa estrategia ha sido llevada adelante por Aratirí. Actuó, como lo han hecho muchos grandes inversores, con la idea de que el país les debe agradecer que se fijen en él, que llegan a un país sin importancia y que no deben explicaciones a nadie. No tomaron contacto con el sector político, salvo una estrecha asociación con el oficialismo, ni intentaron amortiguar los temores del sector rural, del sector turístico o de grupos ambientalistas. El gobierno dejó pasar el tiempo y recién después que se plantea un llamado a sala parlamentario salir a decir que se va a buscar consenso. Importantes segmentos del sector rural y turístico, el Municipio de La Paloma, buena parte del Partido Nacional, políticos y fuerzas vivas del departamento de Rocha, están lanza en ristre contra el proyecto. Realmente es un momento tardío para lograr consensos, que no cabe descartarlos. Pero ahora, en lugar de partir de primarios temores a ser erradicados, de proyectos a ser detenidamente explicados, el gobierno y el inversor tienen por delante primero desarmar la formidable oposición que se ha tejido en su contra para luego tratar de convencer sobre las bondades o al menos las inocuidades, o por lo menos los bajos perjuicios de la inversión. 

Hace no demasiado tiempo que el mundo ha descubierto, que las grandes empresas multinacionales y los grandes inversores han descubierto, que en la materia se necesitan emplear armas de la política y de la diplomacia. Que no basta poner muchos puñados de billetes arriba de la mesa, con la única razón del peso del dinero. Que los resultados se obtienen esencialmente a partir de la persuasión, del convencimiento.