12 Ago. 2011

Uruguay como espejo: acuerdos de gobierno y políticas de Estado

Oscar A. Bottinelli – Diálogo con Fernando Vilar

Radiocero y Radio Monte Carlo

Quien siga el debate político argentino y los análisis políticos, verá que en los últimos tiempos Uruguay aparece en forma recurrente como un modelo de país a seguir. ¿Cuáles son las cosas que se destacan? [...] el pleno funcionamiento del estado de derecho [...] una permanente necesidad de buscar grandes acuerdos de gobierno y trazar políticas de Estado [...] un alto nivel de consensualidad [que] no basta que lo quieran las dirigencias políticas, sino que es necesario que participe de ese espíritu la sociedad en su conjunto


OAB: La semana que viene se realizará en Buenos Aires un importante seminario con políticos y académicos argentinos y uruguayos, organizado por la Fundación RAP. El tema: los acuerdos de gobierno y las políticas de Estado. O dicho más ampliamente, la ejecución de la política con la búsqueda de consensualidad, del entendimiento. Lo interesante es que Uruguay va a ser tomado como ejemplo a seguir, como el modelo de país en lo político.

FV: Para completar la información ¿quiénes participan por Uruguay?

OAB: Las exposiciones van a estar a cargo del ex presidente de la República Luis Alberto Lacalle, los senadores Carlos Gamou (Frente Amplio), Sergio Abreu (Partido Nacional) y Pedro Bordaberry (Partido Colorado) y del que habla como analista político.

FV: ¿Cuáles son los elementos de nuestro país que sirven como ejemplo?

OAB: El tema va más allá de este seminario. Quien siga el debate político argentino y los análisis políticos, verá que en los últimos tiempos Uruguay aparece en forma recurrente como un modelo de país a seguir. ¿Cuáles son las cosas que se destacan?

De un lado el pleno funcionamiento del estado de derecho, la autolimitación de los gobiernos en no salir de los límites de la ley, el funcionamiento con plena independencia del Poder Judicial, la previsibilidad jurídica.

Otro elemento que aparece es lo que se llama el republicanismo. Esta es una palabra de gran uso en el país en el siglo pasado, digamos que más o menos hasta comienzos de los años sesenta. Y que ahora comienza a ser rescatada desde algunos sectores de pensamiento. La forma más fácil de definirse es por lo opuesto: ser republicano es ser anti mayestático, es decir, contrario a los oropeles monárquicos o aristocráticos. Republicanismo implica sencillez, austeridad.

También ligado al republicanismo, pero además como valor independiente, es la profunda adhesión de los uruguayos a la democracia, no como un slogan, sino como una práctica. Por encima de todo, el formidable respeto que hay en este país a la voluntad popular expresada por los mecanismos electorales, a lo que comunmente se llama “el respeto a las urnas”. Precisamente cuando alguien incursionó en caminos que podían considerarse violatorios de lo expresado en las urnas, eso le supuso un gran desgaste y finalmente no pudo caminar por ese camino.

FV: Tú mencionabas además los acuerdos de gobierno y las políticas de Estado

OAB: Efectivamente en el país hay una permanente necesidad de buscar grandes acuerdos de gobierno y trazar políticas de Estado. Quizás lo que se logra es mucho menos de lo que los dirigentes políticos buscan. Y a veces hay políticas de Estado que en algún momento se fracturan. ¿Qué quiere decir políticas de Estado? En principio dos cosas, en general complementarias: son políticas de continuidad, de largo aliento, que van más allá de un gobierno y que no cambian con los cambios de gobierno o de partido. Además, son políticas que se trazan y se aplican con acuerdos bien amplios. Lo opuesto a las políticas de Estado son las políticas de gobierno y son las políticas que un gobierno adopta sin consultar a los demás, sin escuchar su opinión y sin consultar.

La política exterior del Uruguay desde la restauración democracia tiene elementos sustantivos de política de Estado. Eso no quiere decir que no haya habido actos puntuales controversiales, o que en determinado momento la oposición tenga dudas si el gobierno va a mantener la política exterior de Estado. En política exterior una ventaja para un país chico de una política de Estado, es que le da previsibilidad. Un país previsible es un país más respetado en el mundo.

FV: ¿Y en qué otros terrenos se puede hablar de políticas de Estado?

OAB: Por un lado hay acuerdos firmados en varias áreas por todos los partidos políticos. Pero más allá de los textos y del término altisonante políticas de Estado, hay cosas sobre las cuales se va formando consenso en el país, consenso entre las dirigencias políticas y consenso en la sociedad. Estos consensos a veces son solo sobre los objetivos, pero no hay acuerdo sobre los instrumentos; en otros casos los acuerdos alcanzan a los instrumentos, a la forma de realización. Se puede considerar que Uruguay tuvo una salida relativamente consensuada a la gran crisis de 2002 y a su deuda externa, que ha habido consenso en las políticas de turismo, en la política forestal, en la celulósica, en la ambiental y el concepto de Uruguay Natural, en política energética, excepto en el tema de la energía nuclear. Hay consensos políticos en muchos diagnósticos, aunque no los haya en las soluciones. Por ejemplo, en la preocupación por el estado de la seguridad pública o de la educación pública.

FV: Tú usas reiteradamente la palabra consenso, consensualidad.

OAB: Sí, porque creo que consenso expresa más bien un estado de espíritu. Para obtener un alto nivel de consensualidad no basta que lo quieran las dirigencias políticas, sino que es necesario que participe de ese espíritu la sociedad en su conjunto. Es necesario aclarar que consenso no quiere decir unanimidad. Siempre va a haber gente disidente, disconforme; consenso quiere decir que una abrumadora mayoría coincide.

Para que haya consensualidad es necesario antes que nada que la sociedad sea tolerante, valore la tolerancia y practique la tolerancia. Y para que haya tolerancia es necesario que nadie se crea dueño de la verdad, tener el dogma de la verdad revelada. Si uno tiene la verdad y el otro está fuera de la verdad, si uno considera que está fuera de toda duda en el acierto y el otro está inequívocamente en el error, no hay ni acuerdo, ni tolerancia, ni consensualidad. Hay tolerancia si sed parte del punto de vista que cada uno piensa que sus ideas son mejores que las de los demás, pero que las ideas de los demás son igualmente respetables. Y que entre las ideas de uno y las ideas del otro, es posible llegar a puntos intermedios, a entendimientos, a acuerdos.

Si la política se la concibe como la cruzada del bien contra el mal, de los patriotas contra los antipatriotas, no hay posibilidad alguna de tolerancia, de consenso, de acuerdos. Este es un punto básico. Hoy Argentina vive una situación de alta fragmentación política, con elevados niveles de intolerancia, de convocatoria a la lucha de los buenos contra los malos. En ese clima los consensos son imposibles. Y también la vida política civilizada.