13 Nov. 2011

Las virtudes de ayer, hoy no lo son

Oscar A. Bottinelli

El Observador

En el cambiante mundo internacional hay que cuidarse de no quedar con la agenda atrasada.[...]El uruguayo [...] creyó [...] Que lo importante en el mundo es lograr una democracia plena, bajo nivel de corrupción, sistema judicial independiente y honesto, alta calidad institucional y que las deudas se pagan. Así este país y esta sociedad hizo el formidable esfuerzo para no incurrir en default. Además, buscó tener un nivel elevado de protección de la privacidad[...]Y este G20 pregona la única virtud que importa al mundo de hoy: dar información, no importan las garantías.[...]Hay que entender que son otras las virtudes que pesan en el mundo. No son las que valían hasta hace poco.


En el cambiante mundo internacional hay que cuidarse de no quedar con la agenda atrasada. En el último cuarto de siglo se ha visto aparecer y desaparecer temas de la primera plana, cada uno de los cuales en su momento estelar fue la verdad obvia, única e indiscutible; solo aquellos atrasados, ignorantes o ligados al pasado, podían no considerar que esas verdades reveladas fuesen tales. El tema estelar por excelencia hace ese cuarto de siglo lo fue la democracia, al calor de los procesos democratizadores en el Cono Sur, África, Asia, con anterioridad la Europa del Mediterráneo y con posterioridad la Europa del Este. Como sucede cuando se miran los asuntos en forma apologética, hubo algunos cambias hacia formas más o menos democráticas, o de abandono de ciertos autoritarismos, pero se quedó lejos en cuanto a alcanzar los niveles de democracia correspondientes a poliarquías plenas o a democracias plenas (en cuanto a democracias políticas pluralistas con amplia base de libertad política e individual). En el lenguaje de fines de los ochenta, el no calificar como una democracia implicaba no contar con el laissez-passer para ser aceptado en sociedad. El mundo estaba hecho solo para democracias plenas.

En otro momento aparece el tema de la trasparencia, en un uso entre equívoco y erróneo del término. Ha surgido la costumbre de asociar trasparencia con honestidad, o falta de trasparencia con deshonestidad. Esa asimilación es un disparate. Trasparencia quiere decir que se puede ver, que algo es claro, evidente. Un país puede ser corrupto y además trasparente, porque es absolutamente clara la existencia de la corrupción, las formas y vías de corrupción y quiénes son los corruptos. Luchar por la trasparencia y luchar por la honestidad son dos cosas diferentes. Tanto que la organización Trasparencia Internacional elaboraba una tabla no de trasparencias sino de Percepción de Corrupción. Parece entonces que lo que se pretende es lograr la honestidad y combatir la corrupción. Los países corruptos también serían borrados del planeta.

Más tarde o más temprano toma cuerpo la importancia de la Justicia, entendida como función jurisdiccional o Poder Judicial. Así fue como en la Presidencia del BID el compatriota Enrique Iglesias sostuvo que el Siglo XIX fue el siglo del Poder Legislativo, el Siglo XX el del Poder Ejecutivo y que el Siglo XXI sería (dicho hace más de once años) el del Poder Judicial. Todo país debería contar con un sistema judicial honesto, independiente, libre de coerciones políticas y económicas, además por supuesto de capaz. La suma de todos esos elementos dan por resultado una alta calidad institucional: la virtud de las vestales.

Cuando el mundo es azotado recurrentemente por crisis financieras regionales, a cuyas consecuencias se les puso nombres simpáticos –“Efecto Tequila”, “Efecto Tango”, “Vodka”, etc.- surgió otro mandamiento del buen ciudadano del mundo: incurrir en default es un pecado capital, el cielo es solo para los buenos pagadores que honran sus deudas.

También surgió otro ideal a perseguir: la protección de la privacidad de las personas; protegidas de las miradas de todos, pero especialmente del gobierno y de los gobiernos, permanentes acechantes en pos de limitar la intimidad y la libertad.

En las sociedades que se consideran a sí mismo muy perspicaces pululan chistes sobre los pueblos a los que consideran entre crédulos e ingenuos. Hay muchos chistes sobre los uruguayos. El uruguayo es un ser lento, ingenuo, crédulo. Probablemente lo sea. Creyó en esas virtudes. Que lo importante en el mundo es lograr una democracia plena, bajo nivel de corrupción, sistema judicial independiente y honesto, alta calidad institucional y que las deudas se pagan. Así este país y esta sociedad hizo el formidable esfuerzo para no incurrir en default. Además, buscó tener un nivel elevado de protección de la privacidad

Un buen día, alguien se despierta tarde, lee los diarios tarde y mal, lo hace en marzo-abril de 2009, vuelve a hacerlo en estos días, y lo hace en medio de la modorra. Tarda en descubrir que las virtudes de ayer, hoy no son virtudes. Al paraíso se va por otro camino. Aparece el Grupo de los 20, que en realidad son 19 países (más la Unión Europea). Resulta que para el G20 las virtudes de ayer no pueden ser tales, dado que de esos 19 países, 10 están fuera del primer quintil de desarrollo humano, 12 están fuera del primer quinto de países con menor percepción de corrupción, 12 no logran niveles aceptables de independencia y honestidad de su sistema judicial, 12 ó 13 (según el medidor que se use) no son democracias plenas o poliarquías plenas, los dos tercios cuentan con baja calidad institucional, cerca de la mitad no ha pagado sus deudas. Y este G20 pregona la única virtud que importa al mundo de hoy: dar información, no importan las garantías. El G20 no exige justicia independiente, ni honestidad de gobernantes y magistrados, no es necesario que las deudas se paguen, no se exige garantías de que se protegerán los derechos individuales de las personas sobre las cuales se exige información. Democracia, honestidad, calidad institucionalidad, justicia independiente, cumplimiento de obligaciones internacionales son temas para foros académicos, no exigencias para el comportamiento en el orden internacional.

Argentina no es una democracia plena, carece de justicia independiente, no paga su deuda externa, es uno de los países con mayor corrupción en el mundo (está en el 20% de mayor corrupción), está considerado de baja calidad institucional. Pero logra el apoyo de los poderosos. Hay que entender que son otras las virtudes que pesan en el mundo. No son las que valían hasta hace poco.