18 Nov. 2012

Los aviones caen y viene la calma

Oscar A. Bottinelli

El Observador

El caso Pluna ha provocado múltiples efectos [...] se observa que el gobierno ha quedado más debilitado [...] pero a la vez, en una aparente paradoja, más compacto. Y a la vez, se ha potenciado el rol de la Presidencia de la República, del primer mandatario y de la Torre Ejecutiva. 


El caso Pluna ha provocado múltiples efectos y además –esto es habitual- se han producido algunos hechos concomitantes con los efectos del caso Pluna que se deben a otras causas, las cuales quedan ocultas por lo que genera más ruido. Por lo pronto, se observa que el gobierno ha quedado más debilitado –no claramente ante la opinión pública, pero sí ante el segmento informado y ante los actores políticos propios y extraños- pero a la vez, en una aparente paradoja, más compacto. Y a la vez, se ha potenciado el rol de la Presidencia de la República, del primer mandatario y de la Torre Ejecutiva.

Sin duda el primer efecto del caso Pluna es la potenciación de la oposición –y en particular del Partido Nacional- que encontró un tema donde golpear realmente fuerte y sin piedad, ante un gobierno o un equipo de responsables del tema en que cada golpe le generaba mayor mareo, le aumentaba el desconcierto, perdía la capacidad de pensar y reaccionaba normalmente en forma equivocada (y algún protagonista, con pérdida del equilibrio emocional). El manejo de la oposición fue el más exitoso desde la asunción de Mujica. Hay aquí, entonces, dos efectos correlacionados: el fortalecimiento de la oposición y el debilitamiento del gobierno.

Un tercer efecto es al interior del Frente Amplio, que es que el astorismo resultó el más perjudicado. Al principio actores de gobierno creyeron que el caso Pluna iba a golpear pura y exclusivamente contra el equipo económico, Astori, el Ministerio de Transporte; luego descubrieron algo muy elemental: todo lo que golpea al gobierno, a la parte que fuera, golpea, debilita, erosiona, al jefe del gobierno. Pero no hay duda que el astorismo, que venía reaccionando con fuerza ante los embates de que era objeto desde el propio centro de poder, perdió mucha fuerza.

Lo paradojal que el otro efecto es un gobierno más compacto. Pero es menos paradojal si se advierte que no es solo producto del caso Pluna, sino de un importante giro en la forma de manejo del poder desde la Torre Ejecutiva. Conviene ver los antecedentes1. Entre abril de 2011 y mayo de 2012 la Torre Ejecutiva fue el centro de la emanación de rumores y trascendidos de prensa en contra del equipo económico, además de contra otros segmentos de gobierno de adyacencia política al equipo económico. Surgió la imagen de la existencia de un equipo económico paralelo en el entorno presidencial, con ideas propias y rumbo propio, diferentes al equipo económico oficial o institucional. De esa confrontación de equipos económicos no surgieron demasiados cosas productivas, más allá del pequeño hecho del impuesto a la tierra (pequeño económicamente, grande para los impactados) y alguna otra cosa por ahí. Ese equipo económico paralelo fue exhibido como respaldante del viceministro de Economía, en contraposición al titular de la cartera.

En medio del caso Pluna aparecen dos cosas, absolutamente ajenas; cosas sincrónicas pero no relacionadas: Uno, la centralización del poder en la Torre Ejecutiva, producida por hechos completamente ajenos a la política. Dos, el giro de 180 grados en ese centro de poder hacia un manejo con más fuerza pero a la vez con más ponderación; dicho de otra manera, esa mayor ponderación permitió esa mayor fuerza.

Hubo dos señales claras ahora sí en relación al caso Pluna. Luis Porto, ese viceministro de Economía visto como hombre de confianza de la Torre Ejecutiva, sale públicamente a poner su cara en los ataques al equipo económico. Para un observador distraído, no implicaba nada importante: el viceministro de Economía defiende al ministro y al presidente del Banco República, y también al ministro de Transporte. Para un observador atento fue un cambio fuerte de funcionamiento en el gobierno. La otra señal la da el propio Diego Cánepa, hoy el hombre con mayor poder en la Torre Ejecutiva, al trasmitir un respaldo presidencial genérico a la totalidad del gabinete ministerial. Ambas señales cabe leerse en una misma dirección, de mayor compactación del gobierno.

En los últimos días, un fenomenal faux-pas diplomático, en cuanto al manejo en el Poder Ejecutivo fue salvado desde la Presidencia de la República2 donde hubo la claridad, serenidad y firmeza necesarias para suplir la imprudencia de unos y la irrealidad de otros3.

Al gobierno se le ha ido con mucha rapidez demasiado tiempo. En estos días termina el tercer año real de gobierno, porque luego viene la siesta estival; son los tres cuartos del tiempo efectivo de gobierno, el que culmina no más allá de octubre del año que viene. Luego comienza la campaña electoral, se termina el tiempo de iniciar nuevos proyectos, comienza el tiempo de administrar la conclusión de lo ya iniciado o de lo ya proyectado a nivel avanzado. El presidente dice que se gobierna hasta el último día, lo que es correcto formalmente y es correcto en cuanto a la administración de las cosas. Pero la campaña electoral tiende un manto que relega al gobierno al segundo lugar.

Entonces, va a comenzar el año decisivo; el último año para producir nuevas cosas, para corregir rumbos equivocados, para aterrizar proyectos, para mejorar lo mejorable. Eso requiere necesariamente de un gobierno compacto, con centralidad de mando (individual o colectivo, esté donde esté ubicado). Y requiere además de un gobierno que se maneje en sintonía con la fuerza política oficialista, que obtenga respaldo de ésta y además que escuche a ésta y siga en mucho lo que ésta diga, en un equilibrio nada fácil. Está todo trazado para avanzar por ese camino. Ha mejorado el funcionamiento estructural del Ejecutivo. Funciona bien la conducción de la fuerza política, con un equipo potente y armónico. Ahora cabe nada menos que aterrizar cosas y corregir cosas. Ese nada menos es lo pendiente y lo más difícil.


1 Ver Dios ¡Cuídame de mis amigos! El Observador.

2 La acción de la Presidencia de la República fue en conjunción con el esfuerzo y la preocupación de lo más importante del sistema político, oficialista y opositor

3 Da para análisis por separado por un lado los peligros de viajes de parlamentarios que realicen actos individuales e inconsultos (que maculan la diplomacia parlamentaria) y por otro un creciente manejo poco profesional y poco prudente en la conducción de la política exterior.