29 Set. 2013

La divisoria de las aguas

Oscar A. Bottinelli

El Observador

La propuesta de construir un nuevo lema para la disputa del gobierno departamental de Montevideo con la conjunción de blancos y colorados trae a colación que el país vive un proceso no acabado de transformación de la arquitectura del sistema de partidos [...] Este nuevo partido existirá o no, este nuevo bipartidismo se dará o no. Quizá muchos no puedan llegar a ver la respuesta. Pero la incógnita está planteada y los primeros pasos hacia ello comienzan a darse. 


La propuesta de construir un nuevo lema para la disputa del gobierno departamental de Montevideo con la conjunción de blancos y colorados trae a colación que el país vive un proceso no acabado de transformación de la arquitectura del sistema de partidos1. Mojones de ellos son el fin del bipartidismo tradicional que se inicia en 1971 y culmina en 19942, el fugaz tripartidismo que emerge ese año, la reforma constitucional de 1996 como respuesta a esa nueva arquitectura, el que un partido tradicional llame a votar a su histórico adversario (balotaje de 1999), el que en elecciones departamentales en muchos departamentos la mayor parte del electorado de un partido vote dentro del otro. Ahora se camina a un paso mayor: un lema común a ambos partidos tradicionales. Y se abre el debate hacia el futuro.

Puede decirse que el recambio hacia otro bipartidismo lo lanza primero Líber Seregni con la idea de la divisoria de las aguas, donde de un lado hay un proyecto de país encarnado por el Frente Amplio y del otro hay otro proyecto encarnado por ambos partidos tradicionales. Más tarde, Julio María Sanguinetti elabora su tesis de las familias ideológicas que conduce –entre otros elementos– a la reforma constitucional de 1996. Precisamente esa coincidencia en la divisoria de aguas o familias ideológicas o bloques contrapuestos, lleva a Seregni, Vázquez, Arana y Astori a apoyar el proyecto del balotaje impulsado por Sanguinetti (luego Vázquez se opondrá a la reforma, pero por otras razones).

El que inicialmente más se resistió a la idea de dos bloques fue el Partido Nacional, donde hoy perviven segmentos significativos que consideran la contradicción blanco-colorado como algo imposible de superar.

Un gobierno de entonación nacional (Sanguinetti I), otro de coincidencia nacional (Lacalle) y dos de coalición explícita, marcan esa proximidad programática. Ayuda a ello un mayor monolitismo ideológico de cada uno de los partidos tradicionales. Fuera de toda duda y de toda valoración, ambos partidos perdieron hacia el Frente Amplio su electorado de centro izquierda, o más estatista, o más culturalmente liberal; sectores que se expresaron en el más nítido batllismo o la versión más liberal-estatista del batllismo (en el coloradismo) y en el Movimiento Nacional de Rocha (en el nacionalismo). Junto a ello se produjo una mayor superposición de las posturas ideológicas y programáticas de ambos partidos tradicionales.

En la ciencia política se ha avanzado mucho en la clasificación de partidos y electores con la utilización de dos ejes básicos, mediante la distinción entre el plano socioeconómico y el plano sociocultural3 En el plano socioeconómico se trabaja en el eje izquierda-derecha, en que se define que “los valores de derecha corresponden al liberalismo económico, el libre mercado, una reducida intervención del Estado en la economía, la afirmación de los derechos de propiedad privada y la oposición a la igualdad económica”, en cambio “los valores de izquierda enfatizan la solidaridad, el welfare state, la regulación estatal de la economía, la igualdad económica”4. Quizá dicho en una modulación más uruguaya, la derecha corresponde a una mayor libertad de mercado y una menor intervención del Estado en la economía; y la izquierda a un mayor énfasis en la protección económica y social del individuo y una mayor intervención estatal en la economía. En sustancia aparece una oposición entre libertad (derecha) e igualdad (izquierda).

En el plano sociocultural es hacia la izquierda donde se enfatiza el valor de la libertad y hacia la derecha donde se enfatiza la existencia de fuerte normativa en la conducta de los individuos. Hay una cierta correlación –no absoluta– de un lado entre lo liberal sociocultural y la izquierda socioeconómica, y por otro lado entre lo conservador sociocultural y la derecha socioeconómica.

En estos aspectos es donde se manifiesta con claridad la existencia de dos grandes bloques. De un lado el Frente Amplio como izquierda socioeconómica y liberalismo sociocultural. Del otro lado los dos partidos tradicionales como derecha socioeconómica y conservadurismo sociocultural.

Hay una divisoria de aguas, a veces disimulada por la existencia de diferencias dentro del Frente Amplio y de diferencias dentro de cada partido tradicional. Esto permite afirmar con mayor propiedad que el Frente Amplio cubre un largo abanico desde el centro hacia la izquierda y desde el medio hasta el mayor liberalismo sociocultural, mientras que el Partido Nacional y el Partido Colorado coinciden en ir desde el centro hacia la derecha en el plano socioeconómico y desde el medio hacia lo conservador en el plano sociocultural. Sin duda, hay un centro y un medio donde se superponen los dos bloques y los tres partidos. Los temas del aborto, marihuana, matrimonio homosexual y adopción homosexual son paradigmáticos de esta divisoria sociocultural, así como las discusiones en los Consejos de Salarios o sobre cambios tributarios son paradigmáticos de la divisoria socioeconómica.

Por supuesto que no hay coincidencia total en los partidos tradicionales sobre temas presentes y futuros. Hay diferencias pero son más al interior de los partidos tradicionales que en el eje blanco-colorado. Y es quizá mayor la distancia entre un ala y la opuesta al interior del Partido Nacional que al interior del Partido Colorado. Entre ambos partidos hay visiones diferentes sobre el pasado, que son necesariamente visiones diferentes sobre algunos temas del presente y del futuro.

Hay una cultura política blanca diferenciada de la cultura política colorada. Hay valores que tienen más énfasis en el Partido Nacional (como el nacionalismo o el americanismo) que en el Partido Colorado (más europeísta, con mayor herencia del pensamiento liberal francés). El concepto de libertad política, asociado a conductas individuales no disciplinadas es una invocación permanente en el Partido Nacional, mientras que el concepto de organicidad política y de disciplina es más afín al Partido Colorado.

La autoatribución de “partido de hombres libres” que se hace en el Partido Nacional y de “partido de gobierno” que se hace en el Partido Colorado, no son meros enunciados propagandísticos, explican elementos de esencia de ambas divisas.

Hablar de que a la larga el Partido Nacional y el Partido Colorado pueden converger en un solo partido, hoy sin duda provoca muchas urticarias en los unos y en los otros, mucho más ya iniciada la campaña electoral.

El proceso abierto puede caminar hacia eso o no, pero comienzan a darse pasos. Hay un primer elemento muy importante a tener en cuenta: el sistema electoral uruguayo y la praxis del sistema de partidos permite que los lemas estén conformados por corrientes diversas, con estructura propia y con identidad propia. Ello sin duda facilita pasos que serían impensables en el sistema electoral y de partidos alemán.

La experiencia del Frente Amplio es aleccionadora, ya que muestra como un lema puede ser inicialmente el paraguas de sujetos políticos que no renuncian a su individualidad, para luego devenir sociológicamente en un verdadero partido político. En 1971 existía el Frente Amplio pero no el frenteamplismo, sus componentes se consideraban a sí mismo como socialistas, comunistas, demócrata cristianos, batllistas o blancos. El frenteamplismo viene después. Esto permite ver que una unión de los partidos tradicionales no tiene por qué significar por un muy largo tiempo una fusión de identidades, una pérdida de su ser, aunque habrá un momento que junto a las identidades particulares de blancos y de colorados, comenzará a emerger una nueva entidad relacionada con el nuevo sujeto político. Este nuevo partido existirá o no, este nuevo bipartidismo se dará o no. Quizá muchos no puedan llegar a ver la respuesta. Pero la incógnita está planteada y los primeros pasos hacia ello comienzan a darse.


1 Última nota de una serie de dos sobre “El camino histórico hacia un nuevo bipartidismo”. Ver Despunta un nuevo bipartidismo, El Observador setiembre 22 de 2013 y En Montevideo nace un bipartidismo.

2 En la nota del sábado pasado, por error se señala al tripartidismo perfecto en 1971, cuando es en 1994.

3 Distinción elaborada por Middendop.

4 Patrizia Catelllani y Patrizia Millesi en I valori e la scelta del voto