21 Jun. 2015

Del diagnóstico y los objetivos

Oscar A. Bottinelli1

El Observador

Normalmente los actores políticos discuten mal la reforma al sistema político y cometen tres tipos de errores fundamentales: de diagnósticos imprecisos o ausentes, de falta de claridad en los objetivo sustantivos y de analizar los efectos de los instrumentos por separado sin estudiar los efectos de conjunto


Normalmente los actores políticos discuten mal la reforma al sistema político y cometen tres tipos de errores fundamentales: de diagnósticos imprecisos o ausentes, de falta de claridad en los objetivo sustantivos y de analizar los efectos de los instrumentos por separado sin estudiar los efectos de conjunto2.

Una reforma se encara cuando los actores políticos, todos o algunos, sienten determinadas insatisfacciones con el funcionamiento del sistema o piensan que hay cosas que deben perfeccionarse o estiman que hay mejoras a realizar. Lo básico es que los actores políticos, tanto al proponer como al contraponer, actúen en base a un diagnóstico preciso del funcionamiento del macro sistema político en general y en particular del sistema de gobierno, del sistema electoral, del régimen electoral y del sistema de partidos. Pero en particular un diagnóstico preciso de los efectos de cada instrumento en particular y del conjunto de instrumentos interrelacionados y en interacción. Y muy especial identificar con absoluta precisión cuáles son los elementos que provocan determinados efectos y evitar extraer conclusiones a simple vista.

En cuanto a las insatisfacciones propias y ajenas es muy necesario que se identifiquen con claridad cada una de esas insatisfacciones, en cuanto a los efectos y en cuanto a la causas. A vía de ejemplo: se detecta la existencia de cierto malestar al actual sistema de balotaje. Lo que no resulta claro es con exactitud cuál es la causa del malestar. Puede ser la exigencia de mayoría absoluta del total de votantes pero no genera insatisfacción que fueresobre la mayoría absoluta de los votos efectivos. Puede ser porque se recurre a una segunda vuelta cuando un lema ya ha obtenido mayoría parlamentaria y se considera ocioso o peligroso que el candidato presidencial de ese lema no resulte electo con absoluta certeza. Puede ser lisa y llanamente que molesta y se considera ociosa la existencia misma de la segunda vuelta. Pero antes que nada, antes de que nadie proponga nada, es de previo y especial pronunciamiento que cada uno identifique con claridad cuáles son las insatisfacciones, cuáles son los efectos no deseados, cuáles los funcionamiento incómodos.

Un segundo tipo de error es la falta de claridad en los objetivos. Lo común es que los actores políticos en lugar de postular objetivos de reforma comiencen a proponer modificaciones concretas a los instrumentos, sin que quede claro para nadie cuál es la finalidad de esa enmienda, cuál es el propósito, qué efecto se pretende obtener, evitar o corregir. A vía de ejemplo cabe señalar las modificaciones propuestas al régimen de balotaje, donde por ejemplo se propone rebajar la barrera de aprobación al 45% o se propone un spread de 10 puntos porcentuales entre el primero y el segundo (y en ninguna de las dos alternativas se especifica porcentaje sobre qué base, si sobre el total de votantes o sobre el total de votos efectivos, también llamado válidos, que son los que se emiten en favor de un lema). Pero además de la imprecisión técnica, cuál es el objetivo. Uno aparece claro, mantener la existencia de una segunda vuelta pero reducir el margen de probabilidades de que ocurra. Bien, ese es el objetivo práctico, pero ¿cuál es el objetivo conceptual? ¿se rechaza la búsqueda de alguna mayoría absoluta como forma de elección y de respaldo del primer mandatario? ¿se pretende volver al viejo régimen de pluralidad o mayoría relativa pero con alguna condición de piso o de distancia? ¿y cuál es la razón de que haya un piso o el piso propuesto, u de que haya una distancia o la distancia propuesta? ¿por qué razón se quiere volver a la mayoría relativa, cuáles son los efectos no deseados de la mayoría absoluta invariable? ¿cuáles son los fundamentos teóricos de esos cambios propuestos? Como se ve, no se puede discutir nada si no se sabe qué se quiere. Y no basta con lanzar fórmulas al escenario, sin darle contenido.

Pero además, es necesario que se especifiquen los objetivos globales, la teleología de la reforma que en definitiva es la teleología pretendida del macro sistema político y de sus sistemas y regímenes componentes. Y aquí surge el tercer tipo de error: proponer cada modificación por separado como respuesta a una insatisfacción específica o como proyecto de algo mejor, sin analizar si los efectos combinados de las distintas propuestas mantienen los efectos o por el contrario los mismos cambian. Y si esas insatisfacciones en realidad se superan, o por el contrario en la interrelación de instrumentos las insatisfacciones no desaparecen o se sustituyen por otras.

No son planteos abstractas, no se aconseja una discusión filosófica lejos del mundo terrenal. Todo lo contrario, lo que se pretende es buscar la mayor precisión lógica. Dicho de manera un poco simple: no se puede discutir la construcción de un edificio si no se tiene claro al menos si su destino es una vivienda, un comercio, una fábrica o un depósito. Es como empezar a discutir el tipo de techo, de piso, las paredes y los revestimientos, sin antes saber qué va a haber adentro. Eso no se le ocurre a nadie. Sin embargo, cuando se discute de reforma política, lo primero que se hace es proponer paredes de mampostería, techo aislante y no saber si es para depositar mercadería no perecedera o habitar una familiar.


1 Catedrático de Sistema Electoral de la Universidad de la República (Facultad de Ciencias Sociales-Instituto de Ciencia Política)

2 Tercera nota de una serie prolongada e intermitente como guía para la discusión de la reforma política. Ver El espíritu del abordaje de la reforma y Tiempos para la reforma política. Ver también un artículo anterior De cómo no discutir la reforma.